Joanes Velazquez y Belate Amondarain / Diario de Noticias de Navarra
El edificio Marqués de Rozalejo, antiguo gaztetxe Maravillas, se ha reabierto para albergar la nueva sede del Instituto Navarro de la Memoria. Tras ser desalojado en 2019 y permanecer vacío desde entonces, el espacio se presenta ahora como un referente de la memoria institucional. Las instituciones recurren a la memoria de forma selectiva e interesada, recuperando aquellos elementos del pasado que contribuyen a legitimar y mantener el orden político y social vigente, borrando consigo la memoria de la clase trabajadora. Ante esta situación, necesitamos reivindicar la memoria de la clase trabajadora, rememorando las luchas pasadas y reconociendo la labor de muchos y muchas militantes. Y es que el Gaztetxe Maravillas sirvió de espacio para la organización, la formación, actos de memoria, la oferta deportiva gratuita, el cine y el ocio, y de otras muchas expresiones de solidaridad.
Maravillas no es un mero recuerdo. El gaztetxe fue una experiencia organizativa importante que nos ofrece importantes lecciones: Maravillas fue una herramienta que contribuyó a expandir la cultura militante y de lucha, a tener una agenda cultural amplia y reivindicativa y a responder a la coyuntura ante las injusticias. Asimismo, fue para las nuevas generaciones de jóvenes una escuela política, un espacio de reflexión y debate en un contexto de desmovilización y activó la solidaridad organizada a nivel de Euskal Herria para hacer frente al desalojo.
En el contexto actual, las ideas reaccionarias cobran fuerza de mano del fascismo y entre la juventud el impacto es cada vez mayor. Es urgente organizarse contra este tipo de ideologías, y en esa dirección, abrir gaztetxes para hacerles frente. Queremos extender un modelo cultural alternativo basado en valores liberadores entre las nuevas generaciones: construyendo espacios seguros, haciéndole frente a la reacción en todas sus formas, defendiendo los gaztetxes existentes y abriendo nuevos. Los jóvenes trabajadores debemos seguir organizándonos al margen de la influencia institucional que acaba con estos proyectos.
Es por esto que la criminalización de la ocupación no ha cesado, y la necesidad de los gaztetxes no ha desaparecido, sino que ha aumentado. Ejemplo de ello son el gaztetxe M1 de la Txantrea y el gaztetxe Subegi de la Rochapea. Es decir, las necesidades de espacios y, en consecuencia, la legitimidad de la ocupación, así como la organización y movilización siguen vigentes.
Por eso recordamos Maravillas, porque la amplia movilización y determinación de los jóvenes trabajadores nos mostró el potencial que tienen este tipo de espacios políticos. Porque necesitamos espacios de politización, ocio y lucha y los proyectos del pasado nos ofrecen lecciones para ello.





Deja un comentario