El islamismo, el salafismo, el takfirismo, el yihadismo y el wahabismo no deben entenderse como fenómenos sociales espontáneos. Por el contrario, constituyen el resultado directo de una estrategia hegemónica occidental-sionista meticulosamente planificada. Como verdaderas fuerzas de choque, estas corrientes tienen el objetivo deliberado de debilitar, dominar y someter a las repúblicas árabes y musulmanas soberanas que se resisten al imperialismo, instrumentalizando para ello a sus propios ciudadanos.

Amar Djerrad /Andalucia Mosrisca (andaluciamosrica.org)

En esta empresa de desestabilización, se erigen grupos extremistas con la complicidad de las monarquías árabes subyugadas. Estos últimos no dudan en sacrificar su soberanía sobre el altar de sus intereses egoístas y la preservación de su poder. Sobre el terreno, la hoja de ruta confiada a estas facciones es clara: paralizar a los pueblos musulmanes manteniéndolos en la inmovilidad y la ignorancia, bloqueando así toda evolución social, económica y moral. Bajo su égida, cada intento de innovación o progreso se describe inmediatamente como blasfemia (kofr) o un acto ilícito (haram). Estos movimientos se esfuerzan por imponer códigos de comportamiento obsoletos de hace catorce siglos, decretándolos falsamente como el único verdadero Islam de Allah y Su Profeta.

El aparato de propaganda y la figura de los falsos guías

Para orquestar esta regresión sistémica, se ha desplegado una arquitectura de manipulación. Se basa en el reclutamiento de un ejército de líderes corruptos y eruditos corruptos y autoproclamados, con recursos financieros y materiales apropiados. La misión de este último es difundir propaganda destructiva y, a su vez, reclutar subordinados locales en los países objetivo. A través de un feroz adoctrinamiento religioso, pueden movilizar carne de cañón que cree defender el Din, el Profeta y… Allah. La mayoría ignora todo sobre el origen real de la estrategia y la identidad de los patrocinadores.

El corpus islámico emplea un término preciso para describir a aquellos individuos insignificantes que se pronuncian indebidamente sobre asuntos públicos y religiosos: el *Ruwaybidah* (الرويبضة). Estos predicadores, investidos artificialmente con el título de *shuyukh*, utilizan una religiosidad impostada para impresionar a las masas. Se camuflan bajo la fachada de guías espirituales benevolentes, adoptando una estética ostentosa —barbas cuidadas, *qamis*, *shemagh* o tocados tradicionales— y un aire magistral. Sin embargo, el hábito no hace al imán: tras este simulacro, su único propósito es manipular la ingenuidad popular.

Estos movimientos actúan como un ejército alternativo al servicio de los intereses geopolíticos comunes entre las monarquías árabes y las potencias sionistas occidentales, con el objetivo de la fragmentación de las naciones árabes. Detrás de su aparente piedad se oculta una farsa dictada por la codicia y el rechazo del trabajo honesto. Al manipular lo sagrado, estos agentes han encontrado una manera rentable de tomar el fruto del trabajo de los demás. El Corán los condena inequívocamente designándolos bajo el término “hipócritas” (Al-Mounafikin).

Mecanismos de manipulación psicológica

Para subyugar y engañar a las poblaciones, estas facciones despliegan un arsenal metodológico bien establecido:

  • Tienen cientos de hadices apócrifos o equívocos, a veces en flagrante contradicción con el texto coránico y la alta moralidad del Profeta. (وَإِنَّكَ لَعَلَىٰ خُلُقٍ عَظِيمٍ) «Y ciertamente eres de una moralidad prominente» es un famoso verso del Corán.
  • Se basan en narrativas legendarias y hechos fabricados para cautivar y monopolizar la atención de los fieles.
  • Se apoderan de hechos reales que exacerban dramáticamente para manipular las emociones, establecer su dominio y conciencias directas.

Su objetivo final sigue siendo la esclavitud de las masas a través de la privación de la educación y el progreso. ¿Podemos juzgar seriamente razonablemente querer congelar el siglo XXI en las estructuras sociales medievales? Para poner a los muminin a dormir, estos predicadores repiten incansablemente, como un mantra, la misma retórica: “qala, raoua” (dijo, informó), enfocando a su audiencia en la condición de las mujeres y el acceso al Paraíso.

Obsesión social y alienación espiritual

Estas figuras, a menudo autoproclamadas imanes que buscan notoriedad escudándose en la religión, demuestran carecer de moralidad y empatía. Sus discursos reflejan profundas frustraciones, convirtiendo obsesivamente a las mujeres en el tema central y casi exclusivo de su predicación. En su deriva ideológica, llegan incluso a atribuir comportamientos impropios o inmorales a la figura del Profeta. Sus palabras, aparentemente amables, solo siembran desidia, fatalismo y caos. No es de extrañar que algunas naciones musulmanas hayan sucumbido ante el yugo de estas facciones extremistas, encontrándose hoy sumidas en el desorden absoluto.

Estos extremistas operan como una «quinta columna», encarnando la astucia y la hipocresía que el islam condena. Ante su incapacidad para participar en la ciencia, la tecnología o el progreso, han trasladado su discurso al ámbito familiar con el propósito de fracturarlo. Se dirigen especialmente al círculo íntimo —esposas, hijas y hermanos— para controlar su conducta y vestimenta diaria. Su dogmatismo prohíbe incluso los gestos más elementales de afecto en el hogar y veta el acceso de las mujeres al trabajo, paralizando así a la mitad de la sociedad. La imposición del velo integral mediante la coacción, que despoja a la mujer de su identidad, no garantiza la modestia ni la piedad; al contrario, vulnera el principio esencial de la dignidad humana. Con este mismo fin divisivo, un predicador de Oriente Medio realizó recientemente declaraciones deplorables en un vídeo: afirmaba aceptar que sus hijos cayeran en el vicio siempre que cumplieran con la oración, mientras amenazaba con repudiar a los más virtuosos y educados si se apartaban de su fe. Estas palabras no son más que retórica incendiaria diseñada para manipular a las masas adoctrinadas.

Su inconsistencia alcanza su punto máximo cuando exigen que sus propias esposas e hijas sean tratadas exclusivamente por una mujer, personal médico cuya formación, sin embargo, prohíben por sus dogmas. Reducen a la mujer a una función puramente utilitaria y sexual, negando así su condición de individuo. Haciendo caso omiso de los claros preceptos del Corán que los contradicen, prefieren confiar en los controvertidos hadices de Al-Bujari y en las tesis de su guía ideológico radical, Ibn Taymiyya (fallecido en 1328).

Esta estrecha visión los condena al estancamiento inevitable. Encerrados en un culto antropomórfico, que menosprecia a Allah a nivel humano, se separan de la verdadera esencia divina. Es proyectando sus propias pasiones sobre los ídolos terrenales que descuidan la trascendencia del único. Al divinizar sus propias debilidades, sellan un destino desprovisto de puntos de referencia futuros y morales. Esta ceguera espiritual los convierte en seres arcaicos, condenados a un declive moral irreparable.

Una amenaza existencial que requiere una respuesta absoluta

En última instancia, este fenómeno no constituye una defensa del Islam ni una crisis de espiritualidad, sino una estrategia geopolítica de gran envergadura. Orquestada por sectores al margen de la ley, esta táctica instrumentaliza el extremismo islamista como una herramienta de sumisión contra las naciones libres y soberanas. Ante una amenaza de carácter existencial, las medias tintas no tienen cabida y ninguna negociación resulta aceptable. La única respuesta racional y efectiva reside en una lucha firme e implacable que integre medidas de seguridad y recursos militares hasta su total erradicación. Estos movimientos representan un peligro directo y letal, tanto para el futuro de los Estados soberanos como para la integridad misma del Islam.

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