Miguel A. Saenz

Txiki, naciste en una tierra en la que difícilmente se podía vivir y en la que la miseria obligaba a trabajar desde niño. 

Eso hizo que tu familia tuviera que emigrar en busca de una vida mejor. 

Emigrar, al igual que lo han hecho  tantas familias a lo largo de los años. 

Así llegaste con apenas diez años a otra tierra, a una tierra  que  os acogió a tí y a tu familia. 

A una tierra solidaria que  se puede sentir orgullosa de haber acogido, y seguir acogiendo, a tantas y tantas personas. 

Y tú, desde adolescente, hiciste tuya la lucha de los habitantes de esa tierra que te habia acogido. 

Una tierra que pertenece a sus habitantes, una tierra que pertenece a un Pueblo oprimido que  aspiraba, y sigue aspirando, a poder elegir libremente su futuro. 

Por eso luchaste por LA INDEPENDENCIA DEL PUEBLO VASCO Y POR EL SOCIALISMO. 

Y lo hiciste involucrándote como el que más. 

Tu compromiso te costó la vida al igual que le ha costado la vida a otros militantes. 

Pero no quisiste que la muerte acabara con tu lucha.

Por eso, horas antes de que te asesinaran, quisiste hacer tuyo aquel mensaje de Ernesto Ché Guevara, y nos lo dejaste por escrito:

MAÑANA CUANDO YO MUERA NO ME VENGÁIS A LLORAR. NUNCA ESTARÉ BAJO TIERRA, SOY VIENTO DE LIBERTAD. 

Y es que las personas como el Ché, como tú, Txiki, como Otaegi, como  tantos otros que lo habeis dado todo nunca estaréis bajo tierra porque no habéis muerto. 

No, no habéis muerto porque vuestra  lucha perdura generación tras generación. 

El pasado domingo, 27 de septiembre, he sido testigo de ello, en el emotivo acto de recuerdo y homenaje que se os ha rendido en la Plaza de la Trinidad de Alde Zaharrean, en la capital donostiarra. 

Junto con personas de mucha edad, incluso algún nonagenario, que han querido estar de pie durante todo el acto, había,  también, muchos jóvenes militantes  lo cual pone de manifiesto que LA LUCHA POR LA INDEPENDENCIA DEL PUEBLO VASCO Y EL SOCIALISMO continúa. 

Y es que, como bien decía aquel poeta del pueblo, llamado Pablo Neruda:

PODRÁN CORTAR TODAS LAS FLORES PERO NO PODRÁN DETENER LA PRIMAVERA.

Miguel A. Saenz

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