Diablo de Navarra
Jaime Ignacio del Burgo está de vuelta. No en sentido figurado, sino físicamente. Ha reaparecido en la escena mediática para protagonizar un ‘show’ que nadie había pedido: dar lecciones de ética pública denunciando a la UCO las obras del túnel de Belate. Es el último cartucho de quien se resiste a que el tiempo y la hemeroteca lo coloquen en su lugar.
El movimiento está diseñado al milímetro para el titular fácil y la sospecha permanente sobre las instituciones navarras. Pero para que el disfraz de regenerador demócrata le encaje, primero tendríamos que sufrir todos un ataque de amnesia colectiva.
Estamos hablando de un dirigente que es puro foralismo de sacristía y rancio abolengo. Criado en el carlismo tradicionalista y forjado políticamente en el entramado institucional del franquismo navarro, Del Burgo representa esa vieja guardia que confunde el servicio público con su cortijo personal.
Esa forma de entender la política ya nos costó un disgusto en 1980 con el Caso FNS. Fue el primer gran escándalo de la democracia navarra, y le costó la destitución de la presidencia de la Diputación por un polémico crédito a una entidad privada. Que años después los tribunales tumbaran su expulsión por puros defectos de forma no borra la mancha de su expediente de gestión. Es el ‘modus operandi’: que la forma tape el fondo.
Pero el verdadero monumento al cinismo se firmó en la Audiencia Nacional, durante el juicio por los «Papeles de Bárcenas» y la Caja B del PP. Allí, en sede judicial, Del Burgo reconoció sin pestañear que medió para repartir sobres con dinero en metálico procedentes de su partido, justificándolo como si fueran simples «ayudas». Que quien justificó la circulación de dinero negro institucional pretenda hoy fiscalizar con lupa las actas y mesas de contratación en Belate roza el esperpento.
Navarra no necesita lecciones de moral de quien tiene el expediente cargado de sombras ideológicas y contables. Frente a las denuncias de trazo grueso pensadas para generar ruido mediático, la respuesta debe ser transparente y firme: luz sobre la gestión de Belate y memoria frente al cinismo de la vieja guardia.




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