En la noche del 17 al 18 de septiembre de 1936, y con pocas horas de diferencia, murieron en la defensa de Donostia José Arana y Claudio Olabarri, tal como relata en este artículo el historiador Eduardo Renobales, autor de numerosos trabajos sobre los batallones de ANV durante la Guerra de 1936.
Eduardo Renobales / NAIZ
Durante algo más de un mes, la planificación militar diseñada por Kandido Saseta, jefe de la Comandancia de Azpeitia, conocido como Sistema Saseta de Defensa, logró frenar o ralentizar el avance de las fuerzas del requeté que progresaban desde Nafarroa hacia la costa, con la intención de cortar por la muga de Irun el territorio leal republicano para aislarlo totalmente del mundo exterior.
Saseta, prácticamente el único oficial profesional del incipiente Eusko Gudarostea, por más que su arma de procedencia fuera la Intendencia Militar, resultó ser una persona con una capacidad profesional y carisma personal fuera de serie. Aglutinó en torno a su figura a las tres ramas del nacionalismo vasco (PNV-STV, EMB y ANV) congregadas en Loiola y que, siguiendo sus directrices, ofrecieron una resistencia inesperada ante el avance faccioso, a pesar de presentar una carencia de medios materiales y humanos incuestionable.
Un grupo de voluntarios civiles escasamente armados presentó una oposición feroz a un enemigo perfectamente pertrechado, con mandos profesionales de milicia. Saseta diseñó una línea de defensa en la Gipuzkoa central que mira a Nafarroa: Asteasu, Zizurkil, Aduna y Bidania son los puntos poblacionales de las alturas de Andatza, Andatzarrate y Zaratehaitz.
Ese mes fue clave para que el Gobierno de la República pactase con los vascos el Estatuto de Autonomía (el cual dormía desde dos años antes en un cajón ministerial de Madrid), que reforzó la posición de estos por la defensa de la legalidad y la democracia, hecho que ya habían asumido tras el golpe de julio con la resistencia durante la batalla de Irun-Donostia y el control de Bizkaia por las fuerzas leales. Enfrente tenían a los golpistas españoles y a otros vascos, como el carlismo navarro, que se lanzó a la aventura de una nueva asonada militar y que, a pesar de estar esta vez sí en el bando vencedor, acabaría con el movimiento para siempre.
Así pues, siguiendo las directrices de Saseta, diariamente columnas de voluntarios salían hacia esa zona para entablar contacto con el enemigo. Sería allí donde desgraciadamente se dieron las primeras bajas en combate de militantes del nacionalismo minoritario de ANV y EMB. Antes cayeron sucesivamente elementos desarmados como el guía Restituto Terán o el doctor Bernardo Elizondo, ambos militantes ekintzales; el comandante Mikel Alberdi del Mendigoxale Batza, ya en acción de guerra, antes de llegar a mitad de septiembre, momento en el cual mueren, en las trincheras excavadas con premura en la zona, con una diferencia de pocas horas, José Arana Irastorza y Claudio Olabarri Olabarri, que más tarde fueron los referentes históricos de dos de los batallones de ANV: Olabarri y Eusko Indarra.
José Arana Irastorza
Nacido en Donostia en 1913, José era un joven con prometedor futuro. Profesionalmente trabajaba en la Tabakalera, aunque en el momento del golpe se hallaba en Igorre de forma provisional. Jugaba en las categorías inferiores del Donostia (antigua Real Sociedad y, al decir de los entendidos, apuntaba muy buenas maneras). El 18 de julio cambió su vida de forma definitiva.

Como cientos de afiliados a ANV, partido nacionalista de izquierdas, acudió raudo a ofrecerse como voluntario para defender la libertad, la legalidad y los derechos de Euskal Herria. Oiría los primeros tiros en las calles de la capital, donde trabajadores del Frente Popular se enfrentaban a militares golpistas del cuartel de Loiola y veraneantes derechistas atrincherados en diversas zonas urbanas.
Pronto se le envía al Hotel Izarra en Loiola-Azpeitia, donde ANV y los otros movimientos nacionalistas están empezando a organizar la resistencia. Bajo las órdenes del comandante Saseta, ANV distribuye a los afiliados que van llegando en dos columnas; una de vizcainos y otra de guipuzcoanos, seguramente por motivos operativos y de gestión de recursos. Armas había pocas, pero deseo de acabar con el pronunciamiento militar sobraba.
Los grupos de Acción Nacionalista se atrincheran en la zona determinada por la Comandancia y se suceden diversos enfrentamientos que van empezando a dejar un reguero de muertos. Directamente en combate, al cabo José Arana le toca la (mala) suerte de abrir la lista. La noche del 17 de septiembre se halla en la trinchera de Andatzarrate vigilando a los requetés que se sitúan no muy lejos con idéntica misión. En un momento dado, se enciende un cigarrillo sin ser consciente de que el resplandor de la llama le podía delatar y que alguien podría aprovecharlo. Así sucedió. De la trinchera golpista surgió un disparo que alcanzó a Arana en la cabeza, acabando con su joven vida. Tenía 23 años y se quedó sin futuro en un mínimo instante.
Por esas fechas había caído ya Donostia en manos de las huestes de Mola, por lo que se vela su cuerpo en Loiola y luego se le traslada al cementerio de Arrasate, donde quedan sus restos en semiclandestinidad. Su ama, Dolores Irastorza, mantiene el deseo de que su hijo muerto repose en el panteón familiar en Polloe (Donostia), anhelo que no verá cumplido en vida porque muere cuatro años antes de que se lleve a efecto. En 1961, también de forma encubierta, depositan allí sus restos finalmente.
En 2018, el Ayuntamiento de Zizurkil, en cuyo término municipal ocurrió la desgracia, colocó una placa homenaje en el citado panteón, que sufrió tiempo después un ataque que la destruyó e hizo desaparecer. Con posterioridad, se volvió a colocar.
Claudio ‘Txato’ Olabarri Olabarri
Aunque nacido en Basauri en 1902, Claudio Olabarri residía desde años atrás en Arrigorriaga. Tornero de profesión y afiliado a ANV, ‘Txato’ era muy conocido en el pueblo, tanto por su actividad política como por ser protagonista de muchas iniciativas culturales y deportivas. Al producirse el golpe de Mola, se enroló voluntariamente en las milicias de ANV acuarteladas en Loiola, al igual que centenares de correligionarios, alcanzando el grado de sargento.
De la misma forma que José Arana, su fallecimiento se produjo a las primeras horas de la jornada del 18 de septiembre en la posición de Ventas de Zarate o Zarateaitz, a muy escasa distancia de donde había caído Arana. En este caso, fruto de un tiroteo continuado con las líneas sublevadas. Según crónica recibida por teléfono, el ‘Euzkadi’ habla de varios ataques continuados y asaltos que son rechazados con gran heroísmo por los mendigoxales. En primera plana aparecen las esquelas de Arana y Olabarri. Habla de cuatro muertos en Ventas y Bidania, dos en cada lugar, y varios heridos. Afirma que tres son del Partido y uno de Acción, error que se mantiene en la información de casi todos los diarios de la Villa.

Posteriormente, en homenaje a este gudari, en octubre de 1936, fecha oficial de su formación, se denominó con su nombre al batallón de infantería Olabarri (ANV-1). ‘Txato’ Olabarri tiene una enorme presencia en el Comité Local de Acción Vasca desde su constitución en abril de 1931. Su nombre ya figura como apoderado en las elecciones de ese año.
Por la documentación contrastada, tenemos la certeza de que ambos murieron en la fatídica noche del 17 al 18 de septiembre, seguramente con poco tiempo entre uno y otro (sus certificados de defunción no detallan la hora, por lo que resulta imposible determinar quién cayó primero). Ambos gudaris de Eusko Abertzale Ekintza sacrificaron la vida por la libertad de Euskal Herria. Claudio y Jose, Agur eta ohore.




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