Diario de Noticias de Navarra

Arcadio Ibáñez San Juan, hijo póstumo de un hombre represaliado durante la Guerra Civil y vinculado desde los primeros años a la recuperación de la memoria de las víctimas en Navarra, ha fallecido a los 88 años de edad. Ibáñez formó parte del grupo de familiares que impulsó AFFNA 36, la Asociación de Familiares de Fusilados de Navarra, y durante años participó en actos, homenajes y testimonios públicos para reivindicar el conocimiento de lo ocurrido durante la represión de 1936 y la localización y dignificación de los restos de las personas asesinadas. Su trayectoria estuvo marcada por la historia de su padre, Arcadio Ibáñez Sesma, a quien nunca llegó a conocer porque fue asesinado antes de su nacimiento.

Ibáñez nació el 26 de noviembre de 1937 en Miranda de Arga y posteriormente residió en Pamplona. El proyecto Donantes de Memoria recogió su testimonio como donante indirecto, es decir, como familiar que transmite la historia de una persona represaliada. En su caso, relató los recuerdos que había recibido de su madre sobre su padre y sobre la situación que atravesó la familia durante aquellos años. La documentación señala expresamente que su padre fue asesinado en Zaragoza antes de que Arcadio naciera, por lo que su relación con aquella historia familiar se construyó a través de los recuerdos transmitidos por su madre y de la investigación y reivindicación posterior de sus familiares.

Su padre, Arcadio Ibáñez Sesma, había tenido una actividad política durante la Segunda República. Según el testimonio conservado por el proyecto Donantes de Memoria, fue elegido concejal en Miranda de Arga y participó en la creación del Partido Republicano Radical Socialista, formación de la que llegó a ser presidente en la localidad. También formó parte de una candidatura para la Diputación de Navarra. Tras el golpe militar de 1936 fue detenido y posteriormente asesinado. El Parlamento de Navarra incluye su nombre entre los cargos públicos republicanos asesinados durante la Guerra Civil y la dictadura posterior.

La represión no afectó únicamente a su padre. Arcadio explicó en diferentes testimonios que otros cuatro hermanos de su padre también fueron asesinados, mientras que la familia quedó marcada durante décadas por la ausencia de sus familiares y por la falta de información sobre el destino de sus restos. En 2018, durante un acto relacionado con la memoria histórica, Ibáñez señalaba que la búsqueda de los familiares desaparecidos había acompañado a la familia durante toda su vida. En aquel contexto, Arcadio acudió junto a su mujer, Conchita Salinas, y ambos participaron en las iniciativas de reconocimiento y reparación de las víctimas.

Su vinculación con el movimiento memorialista quedó documentada desde los primeros años de AFFNA 36. En una información de 2013 sobre las actividades de la asociación aparece Arcadio Ibáñez San Juan junto a otros familiares y miembros vinculados a la recuperación de los restos de las víctimas. También participó en los IV Encuentros Transfronterizos de Memoria Histórica celebrados en el Parlamento de Navarra, donde intervino en una mesa de familiares de víctimas junto a personas procedentes de diferentes localidades navarras. La Cámara navarra dejó constancia de su participación como familiar de una víctima del 36.

La actividad de Ibáñez en torno a la memoria no se limitó a los actos institucionales. Su testimonio fue utilizado también en proyectos destinados a conservar las historias personales de los familiares de represaliados. Su relato forma parte de los testimonios de familiares que no vivieron directamente la represión pero que recibieron sus consecuencias y conservaron las historias de sus allegados. En uno de los materiales sonoros del proyecto aparece además su voz junto a la de otros familiares para reconstruir las circunstancias que rodearon la desaparición y asesinato de personas vinculadas a la política republicana.

Una parte importante de su vida transcurrió, sin embargo, alejada de los actos de memoria. En 1961, cuando tenía 25 años, abrió junto a su mujer, Conchita Salinas, un pequeño establecimiento de alimentación en el Grupo Rinaldi de Iturrama. El comercio, conocido como Comestibles Ibáñez, fue uno de los primeros negocios de aquella zona de Pamplona, todavía en proceso de construcción. En 2015, cuando llevaba más de cinco décadas abierto, ya había dejado su gestión en manos de la siguiente generación.El último comercio  de barrio de Grupo RinaldiEl último comercio de barrio de Grupo Rinaldi

Nazareth Bernhardt Javier Bergasa

El comercio familiar estuvo especialmente ligado a la venta de frutas y verduras, muchas de ellas procedentes inicialmente de terrenos que la familia tenía en Miranda de Arga, localidad de origen de Arcadio. La tienda mantuvo durante décadas una estructura de pequeño comercio de barrio y una relación directa con los vecinos de Iturrama. Ibáñez explicaba también su vinculación con una huerta situada en la Magdalena, donde continuaba trabajando junto a uno de sus hijos. Con el paso de los años, el negocio quedó en manos de la siguiente generación, aunque Arcadio y Conchita siguieron acudiendo al establecimiento.

Comestibles Ibáñez terminó convirtiéndose en uno de los comercios históricos de Iturrama. La tienda permaneció abierta hasta 2024, cuando cerró después de más de seis décadas de actividad. La información publicada entonces sobre el cierre recordaba que Arcadio había puesto en marcha el establecimiento junto a Conchita y que posteriormente el negocio había pasado a su hijo Joaquín y, más tarde, a otros miembros de la familia. El cierre puso fin a una actividad comercial que había comenzado en los primeros años de desarrollo del Grupo Rinaldi y que había sobrevivido a la transformación comercial del barrio.

La trayectoria de Arcadio Ibáñez quedó así vinculada a dos ámbitos muy diferentes de la historia reciente de Pamplona y Navarra. Por un lado, su condición de hijo de un represaliado le llevó a participar durante décadas en la recuperación de la memoria de las víctimas y a contar públicamente la historia de su familia. Por otro, junto a Conchita Salinas, construyó una trayectoria de más de medio siglo ligada al pequeño comercio de Iturrama. Su nombre quedó asociado tanto a las iniciativas de familiares de víctimas del 36 como a uno de los establecimientos tradicionales del Grupo Rinaldi.

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