Red Planeta

La democracia liberal burguesa tiene un matiz totalitario que impregna hasta tal punto nuestra forma de entender la política que incluso buena parte de quienes se consideran de izquierdas parecen incapaces de concebir una práctica política que vaya más allá de este sistema político.

Este hilo sobre un posible Frente Amplio de izquierdas en España es un buen ejemplo.

Ante la profunda crisis existencial de la izquierda española, la respuesta vuelve a ser buscar otra mezcolanza de siglas capaz de ganar unos diputados y evitar que gobierne la derecha.

Pero el problema de la izquierda española no es que todavía no haya encontrado la combinación electoral correcta, sino que hace décadas que se alejó de la clase trabajadora para centrarse en las elecciones y en promesas de reformas progresistas.

Por eso, cada fracaso termina produciendo la misma solución una y otra vez: otra coalición, otro nombre, otro liderazgo y otra llamada al voto útil.

La cuestión no es cuántos diputados podrían ganar Bildu, Podemos, Sumar, IU o Adelante Andalucía si consiguen unirse electoral y estratégicamente y repartirse mejor las listas, sino qué gana la clase trabajadora como clase con esa unión de siglas en la enésima novedosa plataforma electoral.

¿Qué nueva capacidad de organización adquiere?

¿Qué conciencia política desarrolla?

¿Qué capacidad obtiene para intervenir en la vida política del país?

Dar respuesta a estas preguntas es fundamental porque incluso un supuesto “giro obrerista” de la izquierda oficial-institucional que vuelva a hablar de vivienda, salarios o servicios públicos seguirá siendo reformismo si el trabajador continúa apareciendo fundamentalmente como el simple votante al que representar y no como miembro de una clase consciente de su posición.

La nueva izquierda española institucionalizó gran parte de la protesta surgida tras 2008 y terminó convirtiendo el parlamentarismo en su objetivo principal.

Pretender solucionar ahora las consecuencias de esa institucionalización mediante una nueva coalición electoral significa intentar curar el problema reproduciendo la lógica que lo causó.

Y cuando se señala esta contradicción, aparece casi siempre el mismo argumento: si no apoyas a “la izquierda”, gobernará la derecha y todo será peor; si cuestionas la unión de las izquierdas, “haces el juego a Vox”; y si todo este proselitismo izquierdista no es suficiente, se agita el espantapájaros de la llegada del «fascismo», convirtiendo en fascista a cualquier derechista sin necesidad de realizar una caracterización histórica y material seria del fascismo.

Así, el miedo al apocalipsis de derechas o al fascismo 2.0 sustituye progresivamente al proyecto político y se convierte en una forma de disciplinamiento izquierdista para que los trabajadores voten a la izquierda.

Pero no os dejéis engañar porque siempre ocurre lo mismo: la izquierda progresista gobierna sin tocar los pilares de este sistema y, en el caso de España, del Régimen del 78.

Acaba decepcionando y desmovilizando, se produce el pendulazo, la derecha crece por ese desencanto y ese mismo crecimiento sirve después para exigir de nuevo unidad, voto útil y silencio crítico.

Es un bucle eterno del que solo se puede salir rompiendo de una vez con él.
Romperlo exige dejar de preguntarnos qué coalición de partidos puede administrar el gobierno de forma algo más progresista y empezar a preguntarnos cómo reconstruir una fuerza revolucionaria capaz de devolver a la clase trabajadora su independencia, su organización y su condición de sujeto revolucionario.

Fuente: https://t.me/PiratasORG

@malditaultraderecha_chat

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