Amparo Lasheras / GARA-NAIZ

Cuando la Fitzgerald cantaba «Summertime» sonaba como una canción de esperanza, cuando la interpretó Janis Joplin el dolor se arrastraba en cada palabra

Acaba de comenzar el verano, hace un calor tórrido y los festivales de jazz ya están aquí. Como periodista y durante más de veinte años informé sobre el Festival de Jazz de Gasteiz. El recuerdo de algunos conciertos lo guardo como un auténtico tesoro emocional y profesional. “Summertime” solo es una canción, el aria de la ópera “Porg&Bess”, compuesta por George Gershwin en 1935. Sin embargo, para mí, es mucho más, está unida a la primera vez que escuche en directo a Ella Fitzgerald, una voz única en la historia del jazz. Fue en 1982, en la VI edición del Festival de Gasteiz. Para entonces, la estrella del rock Janis Joplin ya había grabado una desgarradora versión del tema y “Summertime” se había convertido en la canción de todos mis veranos. «No llores –cantaba Janis- la vida es fácil, te levantarás cantando y vas a extender tus alas, no llores».

En los últimos meses de su vida, mi compañero solía decir que aquella y todas las músicas «le devolvían la vida». En realidad, solo le ayudaban a construir la memoria de sus mejores vivencias. No era nostalgia ni siquiera una emoción triste. Era la certeza de que vivir había merecido la pena. Cuando llega San Juan, Euskal Herria se llena de fiestas populares, una explosión de música, de ritmo y calor para un tiempo de verano donde la «vida es fácil». Pero solo lo parece.

El miércoles dos jóvenes murieron víctimas de la violencia estructural, social y policial, cada vez más invisible en el sistema que vivimos. Primero se conoció la muerte de un hombre de 23 años, sin techo, en una céntrica calle de Donostia, una ciudad con un gran negocio turístico donde existen más de 500 personas sin hogar. También el miércoles, otro joven, Ander, fallecía en Santurtzi a causa de la violencia policial tras ser detenido y recibir la descarga de una pistola táser. Cuando la Fitzgerald cantaba “Summertime” sonaba como una canción de esperanza, cuando la interpretó Janis Joplin el dolor se arrastraba en cada palabra.

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