Pablo González Gasca, secretario general de Revuelta –la organización juvenil de Vox–, ha hecho públicas unas graves denuncias que sacuden aún más la ya convulsa relación entre el partido de Santiago Abascal y su brazo joven. En un comunicado y en declaraciones recogidas por diversos medios, Gasca acusa al entorno de Vox de orquestar una campaña de acoso, amenazas de muerte y prácticas “miserables” contra su persona, al tiempo que sostiene que el partido busca expulsarlo de la organización para tomar el control absoluto de Revuelta.
“Me sentaron en un despacho y me acusaron de delitos que no había cometido, todo a cambio de entregar Revuelta”, declaró Gasca el pasado diciembre, en el inicio de la crisis. Ahora, tras la ruptura definitiva, eleva el tono: denuncia que desde el entorno de Vox se ha difundido su domicilio particular y se ha intentado derribar la puerta de su vivienda. En su denuncia formal, presentada ante las autoridades, incluye presuntos delitos de amenazas graves, coacciones, vulneración del derecho al honor y apropiación indebida. “La exposición de domicilios particulares no es discrepancia política, sino prácticas miserables”, afirmó.
Gasca, que hasta hace poco trabajaba en tareas de marketing digital para Vox, describe un ambiente de presiones laborales y personales. Relata cómo, tras negarse a ceder el control de la organización, recibió acusaciones de “robo” (incluso por gastos tan nimios como un billete de metro), traiciones de compañeros que “prometían fidelidad pero hay que pagar las alubias” y un intento claro de intervención. “Un sueldo corrompe el alma de las personas”, llegó a decir, criticando la corrupción individual de “personas concretas” dentro del partido, aunque mantiene que no guarda rencor hacia Vox como proyecto político.
El escándalo de la DANA: fondos solidarios bajo sospecha
El origen de la ruptura se remonta a finales de 2025, cuando Revuelta organizó una campaña de recogida de donaciones para las víctimas de la DANA que azotó Valencia en octubre de 2024. La iniciativa, que en su momento contó con el apoyo público de Vox, recaudó decenas de miles de euros (algunas fuentes hablan de cientos de miles). Sin embargo, exdirigentes de la organización, como el exvicepresidente Arturo Villarroya y Javier Esteban, dimitieron en bloque y presentaron denuncias ante la Fiscalía por “presuntas irregularidades graves, posible estafa en el destino de fondos y en el cobro de cuotas de afiliación sin derechos asociados”.
Vox, según audios filtrados publicados por medios como El Mundo y RTVE, tenía conocimiento de las supuestas irregularidades en la gestión de las cuentas. La dirección del partido intentó, según las grabaciones, “adelantarse” al escándalo público para proteger su imagen: maniobró para intervenir Revuelta, disolver su estructura o trasladar responsabilidades. Finalmente, el partido presentó una denuncia contra la asociación juvenil por desvío de fondos, aunque posteriormente se archivó la causa principal. Revuelta, por su parte, rechaza las acusaciones y las atribuye a una estrategia de Vox para apropiarse de la marca y silenciar disidencias.
Purga interna en Vox: expulsiones y control absoluto
El caso de González Gasca no es aislado. Vox atraviesa desde hace meses una profunda purga interna. En los últimos meses se han producido expulsiones de alto perfil: el fundador Javier Ortega Smith fue apartado de la dirección y del partido en febrero de 2026 tras negarse a ceder la portavocía en el Ayuntamiento de Madrid; también han salido figuras como Iván Espinosa de los Monteros o varios concejales madrileños. En el caso de Revuelta, Vox abrió expediente a Gasca por filtración de audios y discrepancias internas, lo expulsó del comité de empresa y ha intentado, según él, “echarlo de la organización”.
La crisis ha derivado en una escisión total: Revuelta ya opera de forma independiente, sigue captando donaciones y mantiene una línea crítica con las “purgas” de Vox. Gasca ha confirmado que la organización cuenta con nuevos afiliados y continúa su actividad, mientras acusa al partido de intentar “derribar” a quienes no se pliegan a la cúpula.
Este nuevo capítulo de acusaciones mutuas –amenazas, corrupción en donaciones solidarias y luchas de poder– pone de manifiesto las tensiones internas en el ecosistema de la derecha alternativa española. Mientras Vox insiste en que Revuelta era una entidad independiente y que actúa con transparencia, el secretario general de la organización juvenil mantiene que las prácticas denunciadas van más allá de la política: “No es discrepancia, es acoso y amenazas”. La Fiscalía y los tribunales tendrán la última palabra sobre las irregularidades de la DANA y las denuncias de Gasca.
El partido de Abascal, por su parte, no ha respondido oficialmente a las últimas acusaciones de amenazas, pero fuentes internas consultadas por varios medios insisten en que el objetivo siempre fue “limpiar” la imagen del partido tras el escándalo de los fondos solidarios. La purga continúa.




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