André Abeledo Fernandez / Diario Octubre
En tiempos de crisis sistémica, el capitalismo siempre recurre a sus viejos fantasmas para sobrevivir. El racismo no es un fenómeno aislado ni una simple cuestión de prejuicios individuales; es una herramienta política y económica diseñada para fracturar la unidad de quienes solo tenemos nuestra fuerza de trabajo para subsistir.
Estamos asistiendo a un peligroso auge de discursos xenófobos que, bajo el disfraz del «patriotismo», buscan señalar al más vulnerable como el culpable de nuestras miserias. Nos dicen que el migrante viene a quitarnos el trabajo o a saturar los servicios públicos, mientras ocultan deliberadamente que son los recortes, la precariedad laboral y la evasión fiscal de las grandes fortunas los que realmente desmantelan nuestro bienestar.
Como bien sabemos en Galicia, un pueblo históricamente emigrante, nadie abandona su hogar, su familia y su tierra por capricho. Lo hacen empujados por el expolio de sus recursos en el Sur Global, por guerras financiadas desde Occidente o por la falta absoluta de futuro en un sistema que prioriza los beneficios de unos pocos sobre la vida de la mayoría.
El racismo es la cortina de humo perfecta. Mientras el obrero local mira con recelo al obrero extranjero, ambos dejan de mirar hacia arriba, hacia donde se toman las decisiones que nos empobrecen a todos. Es la estrategia de «dividir y vencer» llevada al extremo. El capital no tiene patria ni color de piel cuando se trata de explotar, pero utiliza el origen de las personas para crear ciudadanos de primera y de segunda, facilitando así la precarización de todo el mercado laboral.
Combatir el racismo hoy no es solo una cuestión de ética o de derechos humanos —que también—, es una necesidad estratégica para la clase trabajadora. No podemos permitir que el odio nos ciegue. La solidaridad internacionalista y la conciencia de clase son los únicos antídotos eficaces contra este veneno.
Nuestra lucha no es contra el que llega en patera, sino contra el que nos desahucia, el que nos explota y el que utiliza el miedo para ganar un puñado de votos. O caminamos juntos, sin distinción de origen, o nos seguirán derrotando por separado. Por una sociedad libre de odio y de explotación.
Saúde e Liberdade!




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