Una sentencia del Tribunal Supremo ha vaciado la Ley del Derecho al Voto de 1965, conquista emblemática del movimiento por los derechos civiles. Tennessee es el primer estado del sur en aprovecharlo para borrar su único distrito de mayoría negra de cara a las legislativas. Y no será el último.

Ibai Azparren / GARA-NAIZ

Donald Trump y un Partido Republicano lobotomizado por MAGA cumplieron este jueves uno de sus viejos anhelos. Obsesionados desde hace años con levantar muros, literales y figurados, para fomentar el aislacionismo y con ello la llegada de inmigrantes, a los republicanos les quedaba pendiente otra incógnita más espinosa: ¿qué hacer con los negros, esos ciudadanos a los que ya nadie puede retirarles derechos sobre el papel?

La respuesta tomó cuerpo este jueves en el Capitolio de Tennessee, donde la Cámara estatal aprobó por 64 votos contra 25 un nuevo mapa que reformula el único distrito de mayoría negra del estado, el 9º, con sede en Memphis y representado por el demócrata Steve Cohen. Es el primer eslabón visible de una estrategia coordinada para manipular los mapas electorales del sur de EEUU y eliminar los distritos de mayoría negra (y demócrata) de cara a las elecciones de medio mandato del próximo 3 de noviembre, donde Trump se juega la mayoría republicana en el Congreso estadounidense.  

Tennessee, en cambio, no ha sido el único estado que ha diseñado un nuevo mapa electoral para favorecer a los republicanos, ya que Texas, Florida, Misuri y Carolina del Norte ya lo han hecho a petición de Trump, y Alabama, Misisipi, Florida y Carolina del Sur llevan meses preparando el terreno legal.

La urgencia tiene una explicación histórica, como se explica más adelante, pero también aritmética, teniendo en cuenta que los republicanos sostienen una mayoría de apenas 218 a 214 en la Cámara de Representantes y las encuestas les son adversas debido a la guerra de Irán y el aumento del precio del crudo. Por tanto, cada distrito redibujado cuenta y mucho.

Una sentencia histórica y viejos fantasmas

La diferencia entre lo que hicieron Texas o Carolina del Norte y lo que está ocurriendo ahora en Tennessee, Alabama o Luisiana es una sentencia del Tribunal Supremo del 29 de abril. La semana pasada, la corte anuló por seis votos contra tres el mapa electoral de Luisiana que incluía dos distritos de mayoría negra y, de paso, desactivó la Sección 2 de la Ley del Derecho al Voto de 1965, esto es, la principal herramienta legal que protegía la representación política de las minorías raciales.

Desde ese año, la Ley del Derecho al Voto firmada por Lyndon B. Johnson obligaba a los estados a dibujar distritos en los que la población afroamericana pudiera elegir a sus propios representantes. Era el contrapeso legal a un siglo de leyes segregacionistas Jim Crowm, diseñadas para mantener al votante negro lejos de las urnas.

La nueva doctrina del tribunal le da la vuelta al argumento y afirma ahora que dibujar distritos pensando en la población negra es en sí mismo una forma de discriminación racial. Y como el mismo Supremo decretó en 2019 que el reparto de distritos por motivos partidistas escapa al control de los jueces federales, a cualquier gobierno republicano le basta con decir que partió un distrito de mayoría negra para perjudicar a los demócratas, no a los negros.

Todo ha ocurrido en los estados de la vieja Confederación. Son los mismos territorios que perdieron una guerra civil para conservar la esclavitud, los que levantaron después las citadas leyes Jim Crow para seguir sometiendo a la población negra y los que obligaron a Martin Luther King a marchar de Selma a Montgomery para que el presidente Johnson firmase, el 6 de agosto de 1965, la ley que ahora el Tribunal Supremo ha vaciado de contenido.

En este aspecto, este jueves hubo protestas demócratas y de la comunidad negra en el Capitolio de Nashville. La oposición demócrata abandonó el hemiciclo entre gritos del público desde la tribuna, y una senadora, según NBC, se subió a su escaño con una pancarta improvisada que decía ‘No al Jim Crow 2.0’.

El representante Justin Jones quemó ante las cámaras una fotografía de la bandera confederada y la senadora demócrata por Memphis Raumesh Akbari interpeló a sus colegas republicanos con una pregunta: «Cuando tuvisteis la oportunidad de hacer lo correcto, ¿estabais entre los que apaleaban a los manifestantes en el puente Edmund Pettus?». Era el puente de Selma, Alabama, donde en marzo de 1965 la policía estatal cargó contra los activistas negros que pedían que su voto contase.

Nuevos mapas y respuesta demócrata

Los nuevos mapas acogen distritos que se estiran cientos de kilómetros, cruzan zonas horarias y mezclan a votantes que nunca habían compartido representante con el objetivo de diluir el voto demócrata de las grandes ciudades en océanos rurales republicanos.

Memphis, por ejemplo, ha sido partida en tres. Nashville, ya troceada en 2022, queda ahora repartida entre cinco distritos. La sección estatal de la NAACP presentó este jueves una demanda contra el mapa, pero la sentencia del Supremo le ha estrechado el camino jurídico casi hasta cerrarlo.

Los demócratas también han participado en esta guerra de mapas, sobre todo el gobernado de California, Gavin Newsom. Cuando Trump ordenó al gobernador de Texas que redibujara los distritos para sumarle cinco escaños al partido republicano sin esperar al censo de 2030, California contestó mediante un referéndum en el que el 64% de los votantes aprobó rediseñar el mapa para recuperar otros cinco asientos demócratas.

En la misma papeleta los votantes pidieron al Congreso una ley federal que acabe en todo el país con el ‘gerrymandering’, es decir, redibujar las circunscripciones a medida del partido en el poder, una reforma que los demócratas llevan años intentando aprobar y los republicanos bloquean.

Por tanto, lo de este jueves es un episodio más de una guerra partidista, sí, pero solo simétrica en apariencia. A través de la sentencia del Tribunal Supremo se desmontan distritos diseñados durante medio siglo para que el voto de la comunidad negra contara. 

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