Diario Red

¿Es VOX fascista? ¿Se parecen las nuevas extremas derechas al fascismo histórico? ¿Los grupos de matones con porras extensibles  que vimos el otro día en Granada eran una expresión del escuadrismo? Tratemos de responder a estas preguntas.

Para empezar, hay que recordar que el fascismo es, al menos, dos cosas: un conjunto de experiencias históricas concretas, pero también un concepto político vivo. Enzo Traverso explica que el fascismo es, además, un concepto que trasciende el tiempo en que apareció y que puede ser utilizado con el fin de analizar experiencias políticas de hoy. Es verdad que muchos politólogos e historiadores  ponen el acento en la necesidad de distinguir  extremas derechas, ultraderechas, derechas radicales y fascismos. Pero lo cierto es que se pueden emplear argumentos académicos para una cosa y su contrario. Estemos de acuerdo, entonces, con Traverso y reconozcamos que se puede utilizar un mismo concepto —fascismo en este caso— para explicar dos fenómenos distintos, incluso separados en el tiempo, sin que ello implique sostener que sean fenómenos idénticos. La práctica es útil porque permite señalar una serie de semejanzas que ayudan a entender nuestro presente.

¿Es VOX lo mismo que el Partido Nazi de Hitler o lo mismo que el Partido fascista de Mussolini? No ¿Son los tipos de las porras extensibles que atacaron a los manifestantes de Granada lo mismo que los arditi? Tampoco, pero VOX es fascista y el escuadrismo existe en España.

Los fascismos históricos italiano y alemán eran movimientos cesaristas y demagógicos, que criticaban el capitalismo aunque garantizaban su continuidad en la práctica. Eran también movimientos ultranacionalistas y racistas que no escondían su vocación  imperialista, expansionista y militarista. Eran movimientos que  apelaban a una suerte de pasado mítico. Algo así como el Make America Great Again. Los fascismos históricos eran además abiertamente anti socialistas y anticomunistas, y apostaban por un uso moderno de la propaganda, organizando grandes espectáculos de masas y utilizando el cine y el teatro como elementos de comunicación ideológica fundamentales.

Muchas de estas características de los fascismos históricos aparecen en las derechas y ultraderechas actuales. Y a pesar de que hoy no existe un movimiento obrero revolucionario que amenace al capitalismo, las nuevas derechas fascistas son profundamente anticomunistas y ven amenazas rojas por todas partes. Como elemento común clave entre el pasado y el presente, hay que destacar también que, si algo alimentó a los fascismos históricos, eso fueron las guerras.

Es verdad que donde gobiernan los nuevos fascistas (Estados Unidos, Argentina o Italia) todavía no se ha producido una transición hacia regímenes totalitarios, pero muchas organizaciones de la derecha han expresado una voluntad que va en esta dirección. VOX en España es partidario, por ejemplo, de ilegalizar a los partidos independentistas y a Podemos —como poco— y es obvio que no dudarían en arrasar las organizaciones sindicales, feministas o ecologistas y harían con los trabajadores migrantes lo mismo que hace el ICE de Trump, si tuvieran el poder para hacerlo. Las nuevas derechas como VOX o como el PP de Ayuso apoyan además a Israel que, en muchos aspectos, es aún más radical que la Alemania nazi. Los nazis alemanes no presumían de usar cámaras de gas y campos de exterminio. Los sionistas sí presumen de exterminar a los palestinos. Y con todo, las nuevas derechas fascistas presumen de su amistad con Israel.

Por último, otro elemento común clave que está de actualidad: la violencia como mecanismo político intimidatorio. Abascal sabía lo que hacía el otro día en Granada. Sabía que las UIP’s mandadas por Marlaska no iban a cargar contra sus escuadristas. Sabía que los cordones policiales a veces parecen de papel si lo que deben hacer es frenar a los nazis. Del mismo modo que los escuadristas de micrófono saben que están protegidos y financiados por empresarios, propietarios de medios y organizaciones políticas de la derecha. Sectores del Estado y la oligarquía económica protegiendo la violencia de los fascistas; he ahí otro elemento para la comparativa politologica.

Decía el otro día Sánchez en Barcelona que la vergüenza debe cambiar de bando. El problema es que la derecha no tiene vergüenza, Presidente. Lo que debe cambiar de bando, como enseñaron los partisanos, es el miedo.

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