Amparo Lasheras / NAIZ
Ha sido un verano intenso. Los males que amenazaban el año se han hecho más fuertes y al acabar agosto, el cambio climático, la deshumanización racista de la sociedad y el griterío fascista han usurpado el agradable caos de los buenos veranos. “La reverberación del calor era tan intensa que todo se veía como a través de un vidrio ondulante”, recordó García Márquez al describir la carretera de su aldea natal. Y, aunque, hoy, la frase se puede mirar como una realidad preocupante de nuestros futuros veranos, resulta hermoso leerla en un libro con más de veinte años de buena literatura.
El jueves, en la sesión del Congreso, el representante de VOX, secundado por el PP, al hablar de la crisis migratoria de Ceuta, igual que las manifestaciones rojigualdas, despertaron los monstruos emocionales de la ignorancia y el miedo.
García Márquez siempre escribió contra ellos. Silvio Rodríguez fue compañero y amigo suyo y el día 1, en el Liceu de Barcelona, nos devolvió 50 años de sueños revolucionarios, de solidaridad internacionalista y nos recordó que Palestina y Cuba existen, que los pueblos también saben resistir. “Si miro un poco afuera me detengo/ La ciudad se derrumba y yo cantando…”
El griterío nunca silencia la música ni la historia. La izquierda europea debería saberlo y no olvidarlo.




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