Se cumplen 90 años del día en el que Maravillas Lamberto fue violada y asesinada por fascistas en Navarra. Anttoni Telleria, por su parte, sobrevivió a una agresión sexual en Elgeta nueve meses después, pero perdió a sus padres y dos dedos de una mano. A los 70 años tuvo el coraje de abrirse en canal para dar testimonio de lo sufrido.

Iban Gorriti / DEIA

Hay dos nombres separados por apenas unos meses y por 150 kilómetros. Maravillas Lamberto, del municipio navarro Larraga, y Anttoni Telleria, de Elgeta. Las dos tenían 14 años cuando la guerra irrumpió en sus casas. Las dos fueron víctimas de violencia sexual ejercida por hombres del bando a la postre franquista. Pero sus destinos fueron diferentes: Maravillas fue asesinada; Anttoni sobrevivió y tuvo que convivir durante décadas con las consecuencias de aquella noche. ¿Cuántas más jóvenes, mujeres, hombres y niños lo sufrirían también?

En agosto de 1936, varios sublevados acudieron a la casa de los Lamberto en Larraga para detener a Vicente, padre de Maravillas y afiliado a UGT. La muchacha decidió acompañarlo. Padre e hija fueron detenidos. Durante el cautiverio, Maravillas fue violada. Posteriormente ambos fueron trasladados al valle de Yerri, donde violaron por segunda vez a la adolescente antes de asesinar a hija y padre.

El cuerpo de la adolescente quedó abandonado en el campo. Días después, vecinos de la zona encontraron los restos. Los perros habían devorado parte de su cadáver. “Le comieron los muslos y los glúteos”, relató años después su hermana Josefina. Para evitar que los animales volvieran a alimentarse de carne humana, “aquellos perros fueron quemados con gasolina”.

La violencia dejó también a una familia rota. La madre de Maravillas, Leona Paulina, quedó viuda y perdió a una hija. Tuvieron que abandonar Larraga y empezar de nuevo en Iruñea, donde trabajó precisamente para quienes habían matado a sus parientes. Josefina, la hermana pequeña, tenía solo siete años.

Durante décadas, la memoria de Maravillas permaneció ligada al dolor de quienes sobrevivieron. Su hermana Josefina nunca dejó de reivindicar lo ocurrido. “Fue ella quien insistió ir con nuestro padre”, recordaba al referirse al momento en que la joven decidió acompañar a su padre. Aquella decisión fue la última vez que la familia la vio con vida.

Nueve meses después de aquel terror, en Elgeta, otra niña de también 14 años sufrió una experiencia que presenta paralelismos estremecedores con la de Maravillas. Anttoni Telleria vivía con sus padres, Pedro y María, en el caserío Sestogain, cerca de los montes Intxorta. Era abril de 1937 y las tropas que acabarían formando el bando franquista avanzaban sobre Elgeta después de meses de combates. La localidad cayó el 24 de abril; dos días antes que el bombardeo fascista contra Gernika.

El 25 de abril, facciosos armados llegaron al caserío. Pedro intentó impedir que entraran para proteger a su mujer y a su hija. Se enfrentó a ellos y fue asesinado en la misma puerta. Anttoni –como Maravillas– acudió a socorrer a su padre. Recibió varios disparos y perdió dos dedos de una mano. Su madre también fue golpeada y resultó gravemente herida. Trasladada al hospital militar de Donostia, la progenitora murió días después.

En aquel escenario de violencia, Telleria fue violada. A continuación, logró llegar hasta el caserío Aranburu, desde donde fue evacuada a la capital guipuzcoana. A diferencia de la navarra, había sobrevivido.

En resumidas cuentas, las coincidencias entre ambos casos no terminan en la edad. Las dos muchachas se encontraban en sus casas cuando llegaron hombres violentos armados. Las dos quedaron atrapadas en la violencia ejercida contra sus familias. En ambos episodios, sus padres fueron asesinados o murieron a consecuencia de las agresiones.

Anttoni durante décadas ocultó lo ocurrido. En su familia, ella siempre había explicado que había perdido los dedos al caerse de una higuera. La verdadera historia permaneció escondida durante buena parte de su vida. Su sobrina-nieta Gurutze Telleria ha matizado que “eran otros tiempos” y que “una mujer que revelara una violación podía acabar siendo señalada o culpabilizada”. Así las cosas, la mujer cargó durante décadas con el recuerdo de sus padres asesinados y de la agresión sexual. Su familia ha relatado que aquella experiencia “condicionó su relación con los hombres y que nunca llegó a casarse”. Siguió adelante como modista, con clientela en Elgeta y también en Elorrio. Vivió y trabajó, pero guardó aquella parte de su historia. Hasta que habló. A los 70 años, Anttoni decidió contar lo sucedido. Se abrió en canal. La familia recuerda aquel momento “como una liberación”.

Fue en 2003 cuando dejó su testimonio grabado ante una cámara de Intxorta 1937 Kultur Elkartea. La entrevista fue realizada por Juan Ramón Garai y José Ramón Intxauspe, cuatro años antes de su muerte. Mostró su mano y explicó cómo había perdido los dedos cuando acudió a ayudar a su padre. También narró la violación.

La historia de Maravillas fue reconstruida por otros: su familia, testigos, investigadores y asociaciones memorialistas. Su hermana, Josefina –con una vida también de libro-, cargó durante toda su vida con aquella memoria. Su posición ante el perdón a los violadores de aquel bando español nunca cambió Exmonja, llegó –aseguraba– a odiar a todas las personas relacionadas con el clero. Poco antes de morir, dejó en DEIA una frase que resumía el dolor de una familia que había perdido a una hija y nunca pudo recuperar sus restos: “Dicen que hay que perdonar, pero yo no. ¡Yo no les perdono a los fascistas! Nunca lo haré”.

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