Jorge Freytter-Florián, investigador en temas de paramilitarismo y contrainsurgencia / GARA – NAIZ
Todos estamos pendientes del posible resultado de las elecciones presidenciales este 21 de junio y parece que, dada la emotividad y la pasión política por defender nuestros ideales transformadores y de cambios estructurales de la sociedad colombiana, hemos caído en la red tendida por nuestros adversarios de poner toda nuestra atención en el éxito electoral de ese día y no ver más allá. Una trampa que, en otras partes, pero en circunstancias semejantes, se ha llamado «no ver o pensar en el día después: ver el árbol, pero no ver el bosque».
Si el candidato de las víctimas y del Pacto Histórico, Iván Cepeda, y Aida Quilqué, fórmula vicepresidencial, ganan las elecciones, pues felices apoyaremos en la calle o donde sea su gobierno y sus resoluciones transformadoras de nuestros territorios. Pero… ¿qué pasará si desafortunadamente, y dadas las grandes fuerzas extranjeras negativas que están en contra de las transformaciones que proponen Cepeda y Quilqué, llevan a la sociedad colombiana por el camino de la motosierra física de los hermanos Castaño, Jorge 40 y los Mancuso, y la motosierra estatal propuesta por Milei en Argentina, pero controlada desde Washington?
¿Aturdidos por la derrota, sabremos qué hacer?
Si llegase ese evento nefasto, nuestra propuesta es desde ya tener preparada una respuesta organizativa amplia, democrática y de masas, que conserve el espíritu político del Pacto Histórico, pero vaya más allá, organizando un movimiento que podemos llamar: «de oposición y resistencias (en plural) populares y antifascistas», enriquecido con el espíritu crítico emancipador de la tradición marxista crítica y, sobre todo, con el espíritu libertario de nuestro padre fundador, el Libertador Simón Bolívar, sin olvidar a la migración colombiano y su colectividad de exiliados políticos.
¡Iván Cepeda nuestro presidente!





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