El tropezón en recuerdo del iruindarra Xabier de Frutos, muerto combatiendo por la Segunda República defendiendo Madrid en 1937 de las tropas franquistas, ha sido arrancado tras haber sido colocado ayer mismo en la avenida Baja Navarra de la capital.

NAIZ

El tropezón colocado ayer mismo en la avenida Baja Navarra de Iruñea en recuerdo del republicano Xabier de Frutos ha sido arrancado.

Ni 24 horas ha durado en su sitio el citado tropezón, con el que se rendía homenaje a De Frutos, que participó de la vida cultural y deportiva de la capital navarra en la década de los años treinta del siglo pasado y que murió defendiendo el asedio de Madrid en noviembre de 1937.

La colocación de ese tributo tuvo lugar este sábado en el marco de la jornada en recuerdo a las víctimas del franquismo que se celebró en la Vuelta del Castillo.

En el veinte aniversario de esta cita con el recuerdo, se quiso reconocer especialmente a las personas represaliadas «por su orientación sexual», según destacaron desde la Asociación de Familiares de Fusilados de Navarra en 1936, entidad organizadora del evento.

Una vez realizado ese acto, a continuación, tuvo lugar el momento de colocar el tropezón arrancado esta noche en memoria de De Frutos.

Este iruindarra nació en Iruñea el 3 de julio de 1909 y era funcionario de la Diputación, estudió Derecho –quería ser diplomático– y tuvo inquietudes artísticas y deportivas: tocaba txistu y piano, pintó (obra titulada ‘Romántico’), diseñó portadas y caricaturas, y defendió propuestas culturales, como el cartel de Sanfermines de 1933.

Fundó el Club Natación Pamplona con varios amigos y colaboró en publicaciones progresistas como ‘Navarra. Semanario de orientación popular’ y ‘Trabajadores’ (UGT), donde posiblemente firmó artículos sobre la ruina familiar causada por Gastón.

Llegó a Barcelona el día del golpe de julio de 1936 y se alistó en las Milicias Populares. Participó en la intentona de liberar las Baleares y luego se unió a la defensa de Madrid, donde se presentó como capitán.

En dicha ciudad formó parte del entorno del Hogar Vasco y de las Milicias Antifascistas Vascas, junto a Vicente Lizarraga y otros, siendo estrecha la colaboración entre distintos grupos ideológicos. Cayó en combate en la Casa de Campo, cerca de la Ciudad Universitaria.

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