Alejandro Plana / Diario Red

La serie de dibujos animados, escrita y dirigida por Zerocalcare, ‘Cortar por la línea de puntos’, pone el foco en la importancia de conectar los eventos del pasado con el presente. De atar cabos para entender mejor la realidad actual y situarla dentro de un contexto más amplio. Ese es el ejercicio que realizamos hoy: partir del asesinato de Guillem Agulló hasta llegar a la actualidad, viendo cómo esas piezas se han ido moviendo y cómo viejas caras del fascismo, ligadas a la violencia, siguen manteniendo redes y conexiones con los ultras que hoy atentan contra la democracia.

Hoy se cumplen 33 años de aquel asesinato. Guillem tenía solo 18 años cuando fue asesinado por un grupo de neonazis. Era antifascista, independentista y miembro de SHARP. Aquella Pascua de 1993 estaba en Montanejos con sus amigos y amigas, pero la noche del 11 de abril todo cambió: varios neonazis lo sujetaron para que Pedro Cuevas Silvestre, conocido como “El Ventosa”, le asestara una puñalada mortal en el corazón. Después huyeron entre gritos de exaltación fascista.

José Luis Roberto (i), Vito Zoppellari Quiles (c) y el exinspector jefe de la Policía Nacional Ricardo Ferris (d) en una charla de España 2000 – YouTube

Lo que vino después en ningún caso puede llamarse justicia. Porque no fue solo el asesinato: fue una condena de apenas cuatro años para quien dio la puñalada mortal. Fue ver cómo el resto de ultras quedaban en libertad. Fue comprobar cómo, tras salir de prisión, Cuevas seguía vinculado al entorno neonazi. Fue, en definitiva, una farsa judicial que criminalizó al propio Guillem, a su familia y a su entorno. Un proceso en el que incluso se obligó a una de sus amigas a cantar el ‘Cara al sol’. A esto se sumaron ataques cobardes contra la familia y una campaña mediática sin escrúpulos, cargada de manipulación, contra la víctima y quienes le rodeaban.

El objetivo era claro: distorsionar la realidad y criminalizar a la propia víctima pese a haber sido asesinada. Se estaba juzgando a Guillem. Era él, el joven antifascista asesinado, quien tenía que defenderse. Algo que también hemos visto en otros casos como los de Carlos Palomino, Jimmy, Lucrecia Pérez o Aitor Zabaleta. Esto ha sido la norma cuando se ha asesinado a antifascistas, personas racializadas…

En ese contexto también aparece el nombre del líder histórico de la formación fascista España 2000, José Luis Roberto, alias “El Cojo”, vinculado de forma directa a entornos como Acción Radical, relacionados con los asesinos. Así detallaba El Temps su conexión con Acción Radical:

“Su conexión con el grupúsculo llegaba al punto de que la dirección que otorgaba el fanzine neonazi Zyklon B, en referencia al gas que mató a millones de judíos en los campos de exterminio, como punto de contacto con Acción Radical coincidía con el domicilio del sindicato y la compañía en manos de Roberto, quien también se ocuparía de ellos años más tarde de asesor”.

Es decir, la relación era directa: el punto de contacto con Acción Radical coincidía con la dirección de su pseudosindicato y su empresa. Pero, pese a las investigaciones publicadas señalando la sombra de Roberto detrás de la vinculación directa, apoyo y financiación de Acción Radical y de otras organizaciones de extrema derecha violentas, jamás fue juzgado por esto.

En 2022, presentaría una querella contra el equipo de rodaje de la película ‘La mort de Guillem’, alegando que lo señalaba como autor intelectual del asesinato.

Roberto ha tenido sus tentáculos en diversas esferas de poder. Ha sido director de un colegio propiedad del Ministerio de Defensa, presidió la sección local del (pseudo) sindicato ultra Coordinadora Nacional Sindicalista (CONS) y fue propietario de bares frecuentados por la ultraderecha. También presidió la Asociación Nacional de Empresarios de Locales de Alterne (ANELA), patronal del sector de la prostitución. El periodista Joan Cantarero recoge años de investigación sobre ANELA y sobre su figura en ‘Los amos de la prostitución en España’.

Durante la Transición fue detenido por colocar bombas en actos independentistas —una de ellas explotó en el estadio del Levante UD antes de un acto de la Trobada dels Pobles—, pero volvió a salir impune de aquello. Años después, su empresa de seguridad acabaría vigilando ese mismo recinto. Según El Temps, también estuvo vinculado a un tiroteo en 1980 y a otros episodios de violencia posteriores, como el ocurrido el 28 de agosto de 1987, cuando un delincuente común fue apaleado.

Treinta y tres años después, la historia de Guillem obliga a mirar más allá del pasado. A comprender que los hechos no son aislados, que existen hilos que conectan nombres, estructuras y discursos a lo largo del tiempo

Una investigación de ese mismo medio, publicada hace 36 años y titulada Los negocios de José Luis Roberto, ya señalaba hasta dónde llegaban su influencia y sus tentáculos en las esferas de poder. En ella se recogía, por ejemplo: “Desde hace dos años, José Luis Roberto dirige el colegio público Jaume I de Paterna, uno de los centros de EGB que no han sido transferidos y dependen de forma conjunta de los Ministerios de Defensa y Educación. En el centro hay un total de 390 alumnos que son, en su mayoría, hijos de militares, guardias civiles y policías”.

Pero la sombra de Roberto y su influencia siguen presentes, tratando de captar a jóvenes y de propagar su odio. Lo vemos cuando desfila junto a sus escuadristas por determinados barrios, difundiendo discursos racistas, homófobos y de odio contra personas racializadas o contra la izquierda.

En 2021, España 2000 desfilaron por el barrio de Chueca cargando contra los “maricas” y “sidosos”, y coreando lemas como “Hitler tenía razón” o “Fuera marica de nuestros barrios”. Tras investigarse por delito de odio a los dirigentes de la misma, “El cojo” y Alberto Ayala, vinculado a Ultras Sur, el Juzgado de Instrucción Número 9 de Madrid decidió archivar la investigación.

Ese mismo año, marcharon por el centro de Valencia, exhibiendo simbología nazi y, al final del recorrido, Roberto elogió la legislación laboral de Adolf Hitler y Benito Mussolini. Ese día, la policía reprimió, como es habitual, la contramanifestación antifascista y, tras la marcha, se produjo una agresión por parte de los neonazis a escasos metros de la sede de España 2000.

El joven agredido recibió golpes y patadas por todo el cuerpo a manos de una decena de ultras. Según relató La Marea, los agresores huyeron del lugar coreando consignas como “Sieg Heil”. La víctima contó que, tras la brutal paliza, un hombre de más de 50 años que formaba parte del grupo se le acercó mientras permanecía en el suelo, en estado de shock, le mostró una navaja y le dijo: “¿Quieres que te la clave?”.

Muchos se preguntan cómo, con ese historial, Roberto no ha pasado por prisión o cómo puede actuar durante tanto tiempo sin consecuencias. Quizás esta pregunta se pueda responder en hechos recientes: en 2022, poco tiempo después de aquellas y otras marchas violentas, con Fernando Grande-Marlaska como ministro del Interior, la Policía Nacional le premió por la colaboración entre su empresa, llena de neonazis, y el cuerpo policial.

Hoy, como vemos, esas conexiones entre viejas y nuevas caras de la ultraderecha siguen ahí. Figuras como Vito Quiles, que pueden parecer otra cosa por su estética, no dejan de formar parte de ese mismo entorno ultra. Detrás de su fachada, encontramos los mismos discursos de odio y la violencia.

Veámoslo con más ejemplos concretos. Cuando Quiles acudió el año pasado a Valencia a propagar sus discursos de odio, quien estaba junto a él era “El Cojo” y otros escuadristas de España 2000 y Yomus. Los Yomus han hecho canticos y desplegado pancartas celebrando el asesinato de Guillem Agullo, con lemas como «Guillem jódete«, así como «Josué libertad», en referencia al neonazi que asesinó al militante antifascista madrileño Carlos Palomino.

El día que los escuadristas de España 2000 iban de la mano de Quiles, la cuenta oficial de la organización de Roberto llegó a afirmar en redes: “Se puede decir sin miedo a equivocarnos que ha sido el día que más seguro ha estado”. También subieron un vídeo titulado: “Vito Quiles escoltado por militantes de España 2000 en Valencia”.

Quiles es conocido por acosar de forma sistemática a la izquierda, difundir bulos y discursos de odio y, recientemente, por aplaudir a ultras neonazis del Espanyol en cánticos racistas como “¡musulmán el que no vote!”. Aprovechándose de catástrofes de la Dana para lanzar su artillería mediática de manipulación.  También fue uno de los que alentó bulos y el terrorismo de extrema derecha en Torre Pacheco, acudiendo junto a escuadristas de Desokupa, entre ellos, el empresario y jefe de la organización Daniel Esteve.

El periodista Fonsi Loaiza señaló que uno de sus guardaespaldas, David Castillo, formó parte del Frente por España, vinculado a Alianza Nacional. En imágenes publicadas se le puede ver con simbología fascista, camisetas de Ultras Sur y otros elementos de ese entorno. Otro de los escuadristas de Quiles estuvo en la boda del neonazi conocido como “El ratilla” y en la despedida de soltero de este líder de Suburbios Firm, vistiendo una esvástica. En esa boda también estuvo Ricardo Guerra, asesino de Aitor Zabaleta.

Volviendo a su relación con José Luis Roberto. No es la primera vez que han ido de la mano. Quiles ya participó en una charla organizada por España 2000 en abril de 2024, donde estuvo acompañado por este y el exinspector jefe Ricardo Ferris, destituido tras la presión social por sus declaraciones racistas y de odio contra personas migrantes. En esos actos también participaron figuras como la neonazi Isabel Peralta, miembros de Núcleo Nacional, Miguel Bernard de Manos Limpias, Blas Piñar hijo —descendiente del fundador de Fuerza Nueva— o Eduardo García Serrano, entre otros.

En su web, España 2000 publicó un artículo alabando a Quiles, calificándolo de “periodista joven, valiente e incómodo para el poder, que se ha jugado el tipo literalmente en la calle y hace las preguntas que ninguno de los periodistas y medios subvencionados y vendidos al gobierno”.

Treinta y tres años después, la historia de Guillem obliga a mirar más allá del pasado. A comprender que los hechos no son aislados, que existen hilos que conectan nombres, estructuras y discursos a lo largo del tiempo. Unir esos puntos es una exigencia democrática. Porque sin una mirada que vincule pasado y presente, la impunidad se diluye y acaba normalizándose. Y porque solo manteniendo viva la memoria es posible hacer florecer verdades ocultas, ampliar la mirada y, con ello, reconocer esas continuidades para poder hacerles frente.

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