Llevo días dándole vueltas a la situación de nuestra querida compañera María José Baños, y no puedo dejar de recordar que viví una situación muy similar. Yo, al igual que la compañera, tenía un diagnóstico de enfermedad muy grave, de esos que en las condiciones carcelarias que nos impone el enemigo, son imposible de curar o mejorar en prisión. Ella, al igual que yo en su momento, cumple todos sus requisitos para ser puesta en libertad. Pero seríamos unas ilusas, unas inocentes recién llegadas a esta lucha antifascista, si creyéramos que el enemigo, el Estado fascista, va a cumplir con lo que dictan sus propias leyes.
Tengo que recordar que en el momento que yo estaba gravemente enferma, me pusieron en libertad condicional, no porque lo dictasen sus leyes, sino porque hubo una enorme campaña de SOLIDARIDAD en todo el Estado. Este Estado fascista sintió la presión de cientos y cientos de solidarios y solidarias que no estaban dispuestos a dejar morir en prisión a una revolucionaria. Es decir, estoy hoy aquí, viva, no porque el Estado decidiese cumplir sus leyes, sino porque el enorme movimiento de SOLIDARIDAD le obligó a ello, le hizo entender que si moría en prisión iban a arder las calles. Fue esa solidaridad la que me abrió las puertas de la cárcel. Ese fue nuestro triunfo, ahí reside nuestra fuerza.
Hoy, como entonces, debemos hacer entender a estos fascistas que si no liberan a María José van a arder las calles, que no van a poder asesinarla impunemente. Únicamente luchando, peleando duramente, lograremos salvar su vida y tenerla con nosotros, aquí, en la calle. Debemos redoblar nuestros esfuerzos, seguir apretando fuerte con toda clase de iniciativas hasta conseguir arrancar a María José de las garras de estos fascistas.
¡Libertad María José Baños!
¡Amnistía total!

Carta abierta sobre Mª Jose Baños de la ex-presa politica gasteiztarra del PCE (r) Arantza Diaz
Llevo días dándole vueltas a la situación de nuestra querida compañera María José Baños, y no puedo dejar de recordar que viví una situación muy similar. Yo, al igual que la compañera, tenía un diagnóstico de enfermedad muy grave, de esos que en las condiciones carcelarias que nos impone el enemigo, son imposible de curar…
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