De Italia a Dinamarca, la última ola electoral da para múltiples interpretaciones, pero deja entrever un freno al empuje de la extrema derecha. La crisis generada por la aventura iraní de Trump, que los europeos ya notamos en el bolsillo, empieza a pasar factura a sus delegados continentales.

Beñat Zaldua / NAIZ

El mundo es ahora mismo un acertijo irresoluble. Es francamente difícil, si no imposible, adivinar qué está pasando en Irán, en Israel o en la mente de Donald Trump. Tampoco es sencillo descifrar el momento que vive Europa. Las cinco elecciones celebradas la última semana permiten múltiples interpretaciones, pero dan para tumbar algunas tesis y plantear nuevas hipótesis. Y sobre todo, sirven para desmentir que el triunfo generalizado de la extrema derecha sea inevitable.

Seguir pensando que la corriente de fondo que lleva a los ultras al poder en toda Europa no tiene freno posible es perezoso, puede ser contraproducente y, además, no se ajusta a la realidad de lo observado en la mayoría de citas electorales de los últimos días. Repasemos.

Italia para los pies a Meloni

Con el estrepitoso fracaso del referéndum que obligó a dimitir a Matteo Renzi en 2016 en la memoria, la primera ministra de Italia, Giorgia Meloni, se había cuidado mucho de no vincular su futuro al resultado del referéndum sobre su reforma judicial, celebrado entre el domingo y el lunes. Pero las encuestas anticipaban una victoria ajustada a favor de la propuesta de la extrema derecha, que buscaba debilitar el Consejo Superior de la Magistratura con el que las derechas han topado en Italia desde los años 90.

El resultado, sin embargo, fue en dirección contraria y con mayor margen del previsto por nadie. El No se impuso con un holgado 53,7% de los votos en una cita en la que la participación se elevó mucho más de lo esperado, llegando casi a un 59%. Según las primeras encuestas postelectorales, el No se habría impuesto con mayor fuerza entre las franjas de edad más jóvenes y entre las mujeres.

Meloni no va a dimitir, pero se lleva un serio revés y ve frenada la primera de sus grandes reformas, poco después de haber presentado su siguiente objetivo: una reforma electoral que da un extra de 70 diputados a la fuerza más votada en nombre de la estabilidad.

Los italianos han parado los pies a Meloni en Italia, el país más importante gobernado por la extrema derecha. No va a caer, pero la derrota ha abierto también la primera crisis de Gobierno importante en un ejecutivo cuya primera obsesión es la estabilidad.

¿Quién gana en el Estado francés?

Se anunciaban como una previa de las elecciones presidenciales, pero no han sido mucho más que un calentamiento. Al margen de lo ocurrido en Ipar Euskal Herria, es francamente difícil sacar conclusiones tajantes de los resultados del conjunto de las elecciones municipales celebradas en el Estado francés entre el 15 y el 22 de marzo.

De hecho, es imposible proclamar grandes vencedores y derrotados. Pero en un país en el que se habla de la posible victoria de la extrema derecha en 2027 como si de una profecía divina e inevitable se tratara, que los de Marine Le Pen y Jordan Bardella solo hayan conseguido sumar Niza, a través de un delegado externo como Éric Ciotti, resulta ya destacable. Aspiraban a ganar en grandes núcleos urbanos como Marsella, Toulon y Nimes y fracasaron. La victoria de la extrema derecha en las presidenciales de 2027 no está escrita en ningún lugar.

Lo que ocurra dependerá en gran medida de las decisiones que tome el resto. Pese a triunfos destacables como Roubaix o Saint-Denis, los insumisos de Jean Luc Melénchon no han logrado grandes golpes de efecto, a diferencia de los socialistas, que pueden ver reforzada su decisión de marcar distancias con La France Insoumise tras el fin del Nuevo Frente Popular. La derecha conservadora y los candidatos cercanos a Macron también obtuvieron algunas victorias que les permiten soñar con la segunda vuelta de las presidenciales en 2027.

Notas desde Dinamarca y Groenlandia

Las elecciones anticipadas del martes en Dinamarca dejan titulares contradictorios. Los socialdemócratas de la primera ministra, Mette Frederiksen, ganaron los comicios a lomos de la firme gestión de la crisis de Groenlandia provocada por Trump. Lograron así dar la vuelta a las encuestas que auguraban su derrota. Eso sí, han ganado con su peor resultado histórico. Euforias, las justas.

No es fácil interpretar los resultados en un Parlamento fragmentado con una docena de partidos, pero cabe destacar tres tendencias. El Partido del Pueblo Danés, la extrema derecha tradicional, sube mucho, pero se queda por debajo del 10%. En conjunto, las listas ultras suman el 17%. No es poco, pero es el resultado que vienen repitiendo las últimas dos décadas. No hay sobresalto. Los partidos a la izquierda de los socialdemócratas crecen, con el Partido Popular Socialista convertido por primera vez en segunda fuerza. La llave la tendrá el Partido Moderado, en un país en el que el centro –igual que la socialdemocracia– está notablemente escorado a la derecha en temas como la migración.

Y para tomar nota: los socialdemócratas pierden el escaño groenlandés que tenían. Los dos representantes de la isla serán independentistas.

Eslovenia aguanta el tirón trumpista

El domingo se celebraron también elecciones en Eslovenia, otro país que va a necesitar equilibrios a varias bandas para poder formar gobierno. En cualquier caso, en un país donde las encuestas venían anunciando la victoria de Janesz Jansa, amigo de Orban y primer mandatario europeo en felicitar a Donald Trump tras las elecciones que no ganó en 2020, la victoria del partido centrista del actual primer ministro, Robert Golob, es una noticia en sí misma.

El partido de los moderados tendrá la llave del Gobierno, pero Golob debería poder gobernar con el apoyo de los partidos a su izquierda: los socialdemócratas que pierden un escaño pese a mantenerse prácticamente en votos y el partido Levica, de izquierda, que sigue con 5 parlamentarios pese a crecer notablemente en número de votos.

Rheinland-pfalz y el peligro que sigue vivo

Los resultados legislativos en el land alemán de Rheinland-Pfalz (Renania-Palatinado) parecen responder más a la dinámica previa a los ataques sobre Irán. Parece que al país germano no llega todavía el efecto del cierre de Ormuz. El SPD se dejó siete escaños y perderá uno de sus bastiones en favor de la democracia cristiana, que sube ocho. Las consecuencias en la política federal se pueden hacer notar, porque el declive de los socialdemócratas, socios menores en el Gobierno, es importante.

Los verdes igualaron su resultado pese a perder votos, Die Linke (izquierda) siguió sin representación pese a crecer notablemente –esta vez se quedó a las puertas de la barrera del 5%– y la extrema derecha de AfD mantuvo su tendencia al alza y logró 24 escaños –15 más que en las anteriores elecciones– y rozando el 20% de los votos. Aquí el susto.

Entre el alivio y la preocupación

Siguen siendo tiempos oscuros. La izquierda no consigue despuntar en prácticamente ningún país europeo, y un 20% para la extrema derecha en un land occidental de Alemania no es cualquier cosa. Sin embargo, no hay argumentos racionales para sostener el fatalismo que viene impregnando la visión sobre el futuro de Europa.

En Italia, Meloni se ha llevado su primer revés serio a un proyecto bien pensado y bien planteado por parte de la extrema derecha para empezar a desmantelar el sistema constitucional. Las italianas le han dicho que no nada más empezar. En Dinamarca no hay despunte de la extrema derecha, en Eslovenia el candidato trumpista lo tenía todo hecho y ha perdido, y en el Estado francés, el Rassemblement National de Le Pen ha quedado muy lejos de lo que esperaba. Y en abril viene la reválida para el húngaro Viktor Orbán, que podría perder las elecciones por primera vez en tres lustros.

Todos tratan súbitamente de marcar distancias con Trump, pero a estas alturas, la internacional autoritaria tiene difícil recular. La línea directa con Washington, que parecía ofrecer a la extrema derecha continental un trampolín envidiable, se ha convertido en un engorro ante la crisis que viene por la temeraria guerra lanzada por Israel y EEUU contra Irán. Podría, con un poco de ayuda y talento por parte del resto, ser su tumba.

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