Juan Manuel Olarieta, abogado barakaldatarra de pres@s politic@s / Pres.o.s (presos.org)
El caso de los hermanos Kononovich (Mijail y Alexander) ha entrado en una nueva fase, profundamente alarmante, revelando con mayor claridad la naturaleza de la persecución que sufren a manos del régimen fascista ucraniano.
Tras años de detención, vigilancia y acoso judicial, un suceso reciente no les ha aliviado, sino que, por el contrario, ha incrementado el peligro. La repentina retirada de sus pulseras electrónicas, aparentemente sin orden judicial, no les ha traído la libertad.
Por el contrario, esta situación los ha colocado en una zona gris legal y física, donde no están ni formalmente supervisados ni protegidos por un estatus legal claro. En estas condiciones, la falta de control no significa libertad, sino exposición al peligro.
Esta medida elimina de hecho incluso el mínimo marco procesal que existía anteriormente. Los hace vulnerables a actos arbitrarios, sin ninguna obligación de rendir cuentas ni posibilidad alguna de rastrear sus movimientos. El riesgo es inmediato y concreto: movilización forzosa, nuevo arresto con nuevos cargos o incluso desaparición en circunstancias fácilmente ocultables.
Sus propias advertencias reflejan precisamente esta realidad: una situación donde la línea entre la persecución legal y el peligro extrajudicial se difumina peligrosamente.
Al mismo tiempo, existen indicios de que podrían prepararse nuevos cargos más graves contra ellos, incluyendo cargos que podrían acarrear penas considerablemente más severas. Esto sugiere que el caso no está resuelto, sino que se está agravando.
En su último llamamiento, los hermanos Kononovich advierten que podrían no llegar a juicio, describiendo su situación como extremadamente peligrosa e inestable.
Explican que, tras la retirada de sus pulseras de vigilancia electrónica, se encuentran sin protección ni supervisión legal, lo que los expone a riesgos significativos con impunidad. Temen desaparecer, ser movilizados forzosamente o sufrir provocaciones violentas, y recalcan que sus vidas están ahora directamente amenazadas.
Asimismo, afirman que podrían presentarse nuevos cargos más graves contra ellos —posiblemente incluyendo alta traición—, lo que podría conllevar largas penas de prisión. En este contexto, hacen un llamamiento a los antifascistas para que intervengan, adviertan a la opinión pública y ayuden a garantizar su seguridad antes de que sea demasiado tarde.
Los hermanos Kononovich, conocidos por su participación en las Juventudes Comunistas y el movimiento antifascista ucraniano, fueron detenidos por primera vez en marzo de 2022 dentro de la represión del gobierno de Zelensky contra las fuerzas de oposición y las actividades políticas de izquierda tras la escalada de la guerra.
Acusados de delitos contra la “seguridad del Estado”, han rechazado sistemáticamente estos cargos, sosteniendo que son perseguidos por sus convicciones políticas y su militancia, no por ningún delito específico.




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