Diario Socialista

Una investigación internacional liderada por el diario alemán Correctiv, en la que ha participado El País junto a The Boston GlobeObservador de Portugal y Casa Macondo de Colombia, ha accedido a documentos internos e inéditos del dicasterio de Doctrina de la Fe. Estos archivos revelan la magnitud de la ocultación sistemática de los abusos sexuales por parte del Vaticano. Los papeles, procedentes de los archivos del antiguo Santo Oficio, aún cerrados a los investigadores, demuestran que la Santa Sede siempre tuvo mucha más información de los casos de pederastia en el mundo de la que ha admitido, y que durante décadas priorizó la protección de la institución sobre la justicia a las víctimas. «Entrar ahí es imposible», confirma un sacerdote canonista que lo ha intentado en varias ocasiones, en referencia a los archivos vaticanos. Diversas fuentes señalan que existe incluso un archivo aún más secreto que custodia los casos más graves y delicados.

Los documentos más antiguos, de los años treinta en Alemania, revelan que ante el riesgo de que los expedientes de curas pederastas cayeran en manos de los nazis, enemigos de la Iglesia católica, la orden fue clara: «Quemad todo». La instrucción, transmitida desde el Vaticano a los obispos austriacos tras la anexión nazi de 1938, ordenaba destruir «todo el material relativo a casos de inmoralidad por parte de sacerdotes» sin dejar rastro, incluyendo los números de protocolo. Detrás de estas decisiones estaban dos futuros papas: el entonces secretario de Estado, Eugenio Pacelli (futuro Pío XII), y su número dos, Giovanni Battista Montini (futuro Pablo VI). Para el historiador Davide F. Jabes, «la principal preocupación no era el reconocimiento de la violencia sufrida por las víctimas, sino la preservación del orden eclesiástico y la protección de la reputación del clero». «Tanto la víctima como el agresor eran culpables, porque se trataba de un acto impuro«, explica.

Ratzinger lo ocultó

Los papeles más relevantes de la investigación atañen directamente a Joseph Ratzinger, el que posteriormente sería Benedicto XVI. Una carta fechada en 1986, cuando Ratzinger era prefecto de Doctrina de la Fe, revela que ya entonces tenía información detallada de que un sacerdote de su anterior diócesis de Múnich, Peter Hullermann, era un pederasta peligroso, condenado por tribunales alemanes meses antes. Pese a ello, Ratzinger autorizó que el cura pudiera celebrar misa con zumo de uva en vez de vino por sus problemas de alcoholismo, sin apartarlo del ministerio. El sacerdote siguió en parroquias y agredió a 23 menores, hasta que el caso salió a la luz en 2010. La carta, que carece de número de protocolo —algo totalmente anómalo— demuestra que el Vaticano efectivamente conocía el caso desde 24 años antes de lo que ha admitido oficialmente, donde el expediente figura abierto en 2010. El portavoz de la archidiócesis de Múnich ha confirmado que la petición enviada a Ratzinger explicaba los delitos sexuales del sacerdote.

Casos en más países

La investigación revela además el sistema de ocultación mediante expedientes que hablaban de otra cosa. Un caso en Portugal, con un franciscano acusado de abusos en 1956, fue archivado en Roma con número de protocolo de 1972, pero la carta que lo tramita es de 1991, firmada por Ratzinger. En California, el cura Stephen Kiesle fue condenado en 1978, pero el Vaticano tardó hasta nueve años en expulsarlo, mientras seguía trabajando con menores. En Illinois, el obispo detalló en 1989 los abusos de Alvin Campbell, condenado a 14 años, pero Ratzinger negó la dispensa por un tecnicismo. En Australia, un caso de 1993 pasó 15 años saltando de despacho en despacho mientras el cura seguía activo. En Colombia, el obispo de Pereira encubrió durante años al sacerdote Jairo Alzate, condenado a siete años, con el consentimiento del Vaticano. En Italia, la diócesis de Savona comunicó en 2003 los abusos de Nello Giraudo, pero Doctrina de la Fe no respondió hasta 2006 y el caso no se resolvió hasta 2010, cuando una víctima lo hizo público.

Espiral de burocracia y silencio eclesiástico

En agosto de 2025, Correctiv envió al Papa León XIV una serie de preguntas junto a los documentos hallados. El Pontífice las remitió a la Comisión Pontificia de Protección de Menores, que las rebotó al Dicasterio de Comunicación, que no contestó. Doctrina de la Fe también guardó silencio tras 20 consultas. El pasado 27 de enero, las preguntas le fueron entregadas de nuevo al Papa en persona, cuando salía de Castel Gandolfo. Aún no ha respondido. Por tanto, la pelota está ahora sobre el tejado de León XIV, al que se le exigirá que revele todo lo que el Vaticano sabe realmente sobre los miles de casos de pederastia que aún permanecen ocultos. Mientras tanto, la investigación aporta pruebas documentales que demuestran cómo el Vaticano posee el que es probablemente el mayor archivo de pederastas impunes del mundo, y que la verdad sobre el escándalo sigue enterrada en sus sótanos.

El Vaticano no ha respondido públicamente a las consultas de los periodistas, por lo que no hay confirmación ni desmentido oficial inmediato de los documentos específicos presentados. Como en revelaciones anteriores sobre abusos, es probable que Roma responda a en las próximas semanas, especialmente teniendo en cuenta la gravedad de los hechos que se señalan y que apuntan a lo más alto de la jerarquía eclesiástica.

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