Juan Grabois / Diario Red
Hace unos días, el presidente norteamericano, rodeado de sumisos presidentes latinoamericanos, lanzó el “Escudo de las Américas” que supone una suerte de Plan Cóndor cívico militar para facilitar la intervención directa de las fuerzas armadas locales y norteamericanas bajo el ropaje de una alianza contra los cárteles.
No sabemos el alcance de este America’s Counter Cartel Coalition, pero todo indica que no se trata simplemente de un esquema de cooperación contra el narcotráfico sino que incluye herramientas para la persecución política de la oposición latinoamericana por parte de la ultraderecha promovida desde el Salón Oval.
El discurso de Trump seguido de breves intervenciones de Rubio y Hegseth, acompañado por los aplausos genuflexos de dieciséis presidentes latinoamericanos, fue de una honestidad brutal. Les recomiendo a todos verlo entero. Pinta a la maravilla el estado del mundo: una tiranía hemisférica en ciernes. No deja lugar para dudas.
Estados Unidos tiene como objetivo declarado el control total de nuestro hemisferio, desde Alaska hasta la Antártida. Trump lo dice abiertamente. Esto implica la sumisión de los gobiernos nacionales latinoamericanos a su política. No va a escatimar recursos económicos, “diplomáticos” e incluso militares para lograrlo.
Trump no busca que sus excusas ideológicas sean creíbles. No pide el prontuario de sus aliados. Solo exige que se garanticen las pretensiones estratégicas del hegemón en “nuestro hemisferio” y están dispuestos a usar su poderío militar para eso.
Insisto. Solo exigen sumisión. Es un business man. Todo es transaccional. Nada de bullshit con principios democráticos o derechos humanos como en el pasado. No hay otro objetivo que la expoliación y la dominación.
En ese sentido, es notable que la otrora “dictadora” y “narcoterrorista” goce ahora de la bendición de Trump. “Desde esa operación, hemos estado trabajando de cerca con la nueva presidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez” que está haciendo un gran trabajo con nosotros”, dijo, antes de afirmar que su país reconoció oficialmente el nuevo gobierno venezolano gracias a los contratos petroleros y auríferos que obtuvieron.
En nuestra región existen gobiernos que se oponen a la política abiertamente imperial del norte. Entre ellos, tres grandes potencias latinoamericanas: México, Brasil y Colombia.
Lamentablemente, ninguna toma el liderazgo del conjunto y no existe unidad de acción como sí ocurrió en el 2005 cuando Latinoamérica unida dijo “No al ALCA” abriendo un periodo de paz, soberanía y progreso para nuestros pueblos. Lo lamento mucho.
Para finalizar, quisiera hacer dos reflexiones particulares sobre lo tocante a Argentina. Creo que en mi país está la residencia -mas no la patria- del más conspicuo sátrapa de Donald Trump y analizar lo que pasa aquí tiene un valor que trasciende nuestras fronteras.
En primer lugar, Trump afirmó que su intervención -endorsement- en la política de otros países era decisiva y se refirió particularmente a la Argentina. Literalmente dijo: “Algunos son amigos míos a los que respaldé. Y aceptaron ese respaldo y salieron a ganar a lo grande. No he tenido un respaldo malo todavía, ¿verdad? [Milei grita “Sí”]. Él dice “sí”. Estaba contento. Iba un par de puntos abajo y subió como un cohete, ¿no? En Argentina».
Una afirmación tal hubiera sido intolerable hace unos años. Un presidente norteamericano alardeando de haber alterado los resultados electorales en Argentina y nadie se escandaliza ¿Nuestro pueblo quiere ser una colonia de EEUU o nos acostumbramos tanto a la indignidad que ya la naturalizamos? Que nadie se confunda: no vamos a ser la estrella 51, vamos a ser una triste cantera de litio, oro, uranio, etc.
Una segunda reflexión, los argentinos tenemos un presidente que no conoce la mitad de las provincias de su país, pero viajó 15 veces a los Estados Unidos para informar a sus jefes sobre la marcha de los negocios y suscribir cualquier convenio internacional que le pongan delante sin consultar a la institución del estado como indica la ley.
No dejemos de señalarlo porque vamos a terminar pensando que esta sumisión es natural. No es natural, no está bien, no es digno de la República Argentina.
Con todo, la conducta Milei nos trae algunas lecciones significativas. No es de ahora que muchas de las cosas, tal vez las más importantes, que suceden en Argentina se resuelvan en otros centros de poder, sean políticos o ideológicos.
La diferencia es que ahora es veloz, explícito y obsceno… y casi no existe resistencia en Nuestramérica. Ni siquiera testimonial. El terrorismo psicológico proyankee ha generado la idea de que oponerse al horror genocida e infanticida que rige los destinos del gran país del norte te convierte en un paria político.
En ese mismo sentido, me apena la pasividad, incluso el silencio, de nuestro campo político cuando Trump afirma que un país latinoamericano -Cuba- va a dejar de vivir. En efecto, aplica un bloqueo energético criminal para rendir de hambre a los cubanos. A diferencia de otros tiempos, no se escucha a los dirigentes de nuestro campo repudiarlo, ¿los habrán intimidado?
Después de la experiencia venezolana, ¿alguien mínimamente inteligente puede pensar que Trump quiere hacer otra cosa que llenar de Trump Towers las maravillosas costas cubanas y convertir la isla en el prostíbulo de Estados Unidos como en la época de Batista?
Se está abriendo un portal al infierno a la vista de todos. Ante esa situación, es mejor ser paria que cómplice.




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