Txabi Branka

«El viejo mundo se muere, el nuevo tarda en aparecer. Y en ese claro oscuro surgen los monstruos.»

Antonio Gramsci

Este artículo se trata tan solo de una reflexión sobre la unidad antifascista en Euskal Herria. No es una guía para la acción ni mucho menos pretende dar lecciones a nadie sobre el camino a seguir en la liberación nacional y social del pueblo trabajador vasco. Con este texto lo que se pretende es poner sobre la mesa algunas pinceladas sobre las urgencias que, a mi juicio, tenemos en este país y por dónde podría transitar una hoja de ruta antifascista. Es también una mirada crítica a la cultura política vasca contemporánea y a sus guetos, trincheras, dogmatismos, chovinismos y mitos.

¿ESTADO ESPAÑOL ESTADO FASCISTA?

Con motivo del 50 aniversario de la masacre del 3 de marzo, Andoni Txasko de Martxoak 3 Elkartea declaraba que «Gasteiz fue un problema político para las élites que apostaban por reformar el Régimen”, en referencia a la dictadura fascista de Francisco Franco.

Tras la muerte del dictador, el franquismo se reformó, dando lugar al régimen del 78 y de aquellos polvos surgieron aquellos lodos.

En el Estado español, el Movimiento de Liberación Nacional Vasco (MLNV) encabezó una oposición radical a la reforma. Junto al MLNV (que inicialmente planteaba como solución democrática al conflicto la Alternativa KAS para posteriormente asumir la Alternativa Democrática) lucharon otros sectores políticos (cada uno con su estrategia y objetivos) como los autónomos, anarquistas o el llamado movimiento político de resistencia que encabezaba el Partido Comunista de España (Reconstituido) – PCE (r) y la guerrilla urbana de los Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre (GRAPO). Aquella etapa armada se puede decir que concluyó en 2011 tras el desarme de Euskadi Ta Askatasuna (ETA) y con aquella decisión de la organización armada vasca, el propio Jesús Egiguren (Partido Socialista de Euskadi / PSE-EE) daba por concluida la Transición.

Pero el franquismo sigue vivo. Sigue vivo en la judicatura, en el empresariado, en la monarquía, en el ejército, en las FSE, en el Congreso, etc. El Estado fascista no se desmanteló. A diferencia de Italia, del Estado francés o de Portugal… en el Estado español no hubo ruptura democrática. Se puede decir que el régimen del 78 fue una readecuación a los nuevos tiempos de los principios fundacionales del Movimiento Nacional nacido de la victoria militar fascista de 1939.

En esas seguimos.

Desde la muerte de Franco, el Estado español oscila entre formas típicas de una democracia burguesa y otras más propias de regímenes fascistas. Es por eso que se puede afirmar que el fascismo está inserto en el Régimen del 78 y una de sus características es que, cuando se ha encontrado en la disyuntiva de elegir entre negociar vías democráticas (Alternativa KAS, Alternativa Democrática, Lizarra-Garazi…), democratizantes o represión, siempre ha optado por esta última.

Esta realidad española además se inserta en la dinámica actual de las cada vez mayores tendencias autoritarias por parte de los estados capitalistas.

Hoy, mientras suenan los tambores de guerra del imperialismo (Ucrania-Donbás, Irán, Venezuela, Cuba…) se vive a nivel mundial un ascenso electoral y callejero de las fuerzas (neo)fascistas acompañado del creciente autoritarismo de los Estados capitalistas, también en el Reino de España, donde la posibilidad de un próximo gobierno entre la derecha posfranquista del PP y el neofranquista VOX se acerca cada vez más a la realidad.

Ser antifascista ya no es una opción, empieza a ser un imperativo político, ético y moral. El fascismo ha vuelto, aunque en el Estado español nunca se fue, y está colocando al mundo al borde del abismo. Está claro que no es posible dialogar con él. Toca desenmascararlo y reducirlo a la insignificancia. Decía Buenaventura Durruti que al fascismo «no se le discute, se le destruye».

Es, pues, que aparece con urgencia la necesidad de seguir articulando y activando en este país respuestas y movilizaciones antifascistas.

¿En qué términos lo hacemos? ¿Cuáles serían los objetivos? ¿Sobre qué bases? ¿Entre quiénes?

CONTEXTO VASCO

A día de hoy parece que es imposible o, sin ser pesimista, muy difícil, un entendimiento entre las fuerzas situadas a la izquierda del social-liberalismo que representan las sucursales vascas de los llamados partidos socialistas español (PSOE) y francés (PSF). Es obvio que lo que está en debate es la eterna discusión de si reforma o revolución, todo ello atravesado por la cuestión nacional que, como señala Iñaki Gil de San Vicente, supone un «punto de incompatibilidad permanente entre la izquierda estatalista franco-española y el independentismo socialista» sobre si «aceptar o rechazar si Euskal Herria o cualquier otra nación con historia marcada, es un marco autónomo o, por el contrario, es sólo un pedazo, un trozo pequeño de la lucha de clases en los Estados español y francés.»

En todo caso, es innegable que Euskal Herria sufre una profunda opresión nacional (partición territorial, con su idioma nacional sin estatus de oficialidad en buena parte del país y acosado allí donde es oficial, sin verle reconocido el derecho de autodeterminación…). La aceptación del marco nacional vasco debiera ser una premisa innegociable para la unidad antifascista.

OLA REACCIONARIA Y MOVIMIENTO ULTRADERECHISTA EN EUSKAL HERRIA

El pasado enero, a raíz de la aparición en Bizkaia de escuadrones (neo)fascistas de empresas de desokupación con la intención de desahuciar a varias familias trabajadoras de sus hogares, la organización Ezkerraldea Antifaxista lanzaba el mensaje de la necesidad de dar una «respuesta popular amplia y unitaria». Lo que pudiera parecer un gesto insignificante cobra especial valor por aquello de la necesaria unidad antifascista.

Son tiempos de ascenso reaccionario a nivel mundial y, aunque en menor intensidad, nuestro país no es ajeno a esta tendencia. Hemos señalado que, junto a la partición territorial que sufre Euskal Herria y su no reconocimiento nacional, se da una ofensiva capitalista contra los intereses de la clase trabajadora y una tendencia reaccionaria en un sector importante de la sociedad vasca, según marcan las encuestas sociológicas. La percepción de inseguridad y el racismo-xenofobia, además de una notoria tendencia machista en parte de la juventud, van de la mano y están bastante extendidas.

No hay que olvidar que nuestra composición social (precariado, inmigración, depauperamiento de la clase trabajadora…) tenemos mucho en común, muchas coincidencias, con otros países de nuestro entorno donde el ascenso (neo)fascista es una realidad, incluso alcanzando ya (o rozando) gobiernos como en Italia, Alemania, Estado francés, etc.

No es que en Euskal Herria esté articulado un movimiento (neo)fascista, pero no menos cierto es que las alarmas están encendidas por algunas situaciones inquietantes que se han vivido y se están viviendo. En este sentido, la sindicalista Amaia Muñoa (ELA) declaraba recientemente que «pensar que Euskal Herria es ajena a la influencia del fascismo es una irresponsabilidad política».

Si hacemos un somero repaso de la realidad reaccionaria y (neo)fascista en nuestro país, podemos hacer la siguiente lista:

  • Desembarco periódico de empresas (neo)fascistas de desokupación
  • Sectas fascistas actuando al menos en Lizarraldea (Nafarroa) y en Bilbao
  • Presencia electoral normalizada de la derecha extrema del PP y UPN con especial incidencia en Nafarroa.

– Escoramiento del PNV hacia posiciones tradicionales de la ultraderecha españolista; por ejemplo, con la decisión de que la Ertzaintza informe sobre el origen de l@s detenid@s.

  • Pronósticos al alza para VOX en Hego Euskal Herria que le otorgarían dos parlamentarios en la CAV y 3-4 en Nafarroa
  • Victoria electoral (casi el 30 % de los votos) en Ipar Euskal Herria del Front National de Le Pen (ahora Rassemblement nationalRN) en las elecciones europeas de 2024.
  • Actuación regular (incluyendo agresiones) de grupúsculos ultraderechistas (falangistas, neonazis…) en Donostia, Bilbao, Iruña, Irun, Meatzaldea, Baiona…
  • Canales «informativos» de WhatsApp y Telegram como en Donostia, Irun o Iruñerria con mucha audiencia difundiendo bulos y mensajes xenófobos para crear alarma social racista entre la población.
  • Proliferacion de delitos de odio (racistas, homofobos…). Especial atencion merece el progromo antimagrebi del pasado verano en Hernani.
  • Violencias machistas que incluyen tambien asesinatos de mujeres
  • Patrullas ciudadanas racistas y xenófobas en Donostia, Gasteiz, Muskiz, Pasaia, Irun…
  • La ultraderecha policial campando a sus anchas en los cuerpos policiales de distinto tipo
  • Medios generalistas de gran difusión como el Correo Español, Diario Vasco o Diario de Navarra difundiendo mensajes españolistas, reaccionarios, provincialistas… día sí y día también.
  • La aparición de un nacionalismo vasco de corte ultraderechista o abiertamente fascista, con diferentes perfiles y marcas (Euskal Aliantza, Arbasoen Mendekua…) en redes sociales, pero también actuando en las calles.

Estos son algunos de los ejemplos de la ola reaccionaria que se vive también en Euskal Herria. A ello se le unen una serie de tendencias en el seno del independentismo radical (tradicionalmente de izquierdas y que durante la etapa armada de ETA venían apoyando al MLNV) que ven en la inmigración un problema y que incluso catalogan a la inmigración de origen castellano, extremeño, andaluz, etc. como colonos. Entre estos sectores podemos encontrar numerosas cuentas de redes sociales o a la marca Ezker Nazionala, la cual achaca a las nuevas generaciones de migrantes (africanos, americanos…) el estar despolitizadas y a la precarización a la que se ve sometida la clase trabajadora «autóctona».

Esta corriente independentista y de «izquierdas» supone toda una enmienda a la totalidad de la tradición política y las bases antirracistas de la izquierda vasca (y más concretamente a la abertzale) sobre la cuestión migratoria. Habría que recordar a esos sectores el lema “Trabajador, no importa de dónde vengas sino a dónde vamos” que popularizó Eusko Abertzale Ekintza – Acción Nacionalista Vasca (EAE-ANV) en la década de los 30 del siglo pasado o las bases que estableció la V Asamblea de ETA cuando dijo que la clase trabajadora vasca era la que «vivía y trabajaba en Euskal Herria» independientemente de su origen.

SOBRE EL FASCISMO VASCO

Hemos oído muchas veces por parte de algunos dirigentes de la izquierda abertzale mentar al «ADN antifascista de la nación vasca» y, en cierta consonancia con ello, los jeltzales, dentro de su habitual juego político de trileros, presumen de que vivimos en un «oasis vasco».

Habría mucho que discutir sobre esta visión mitificada que proyecta permanentemente el conjunto del nacionalismo sobre «lo vasco», presentándolo poco menos que como una identidad pura e inalterable desde un punto de vista democrático que no estaría, digamos, «contaminada» del veneno fascista. Este es un asunto totalmente cuestionable.

He aquí las palabras de Iñaki Fernández Redondo, historiador de Barakaldo de la Euskal Herriko Unibertsitatea (EHU) cuando dice:

“…los vascos (entiendo por tales quienes hablan en nombre de ellos) siempre han sabido lo que era el fascismo, el problema es que lo han concebido sistemáticamente como algo propio de quienes no son vascos (…) En una identidad reiteradamente sometida a «temblores» el apelativo de «fascista» fue un instrumento reiterado, desde los años sesenta, para separar a los vascos de los demás. (…) La concepción de vasquidad fue construida durante el franquismo y la transición desde la oposición a la atribución de fascismo. El Gobierno vasco así lo había fijado desde su constitución en octubre de 1936 y así lo mantuvo su propaganda en el exilio, y esa misma interpretación recogió ETA y la comunidad política en que se sustentó. El resultado de ello fue la construcción, a partir de los años setenta, de una particular memoria colectiva en la que olvidar fue tan importante como recordar. El recuerdo de la Guerra Civil en clave de épica nacionalista vasca y del franquismo en clave de agonía de la identidad y «genocidio cultural» requirió, en paralelo, del olvido de los diversos y amplios sustentos sociológicos que tuvo el franquismo en estas tierras, desde los voluntarios que lucharon en sus filas (…) pasando por la mayoría consentidora (si no directamente colaboracionista) sobre la que se sustentó el Régimen.

De esa mayoría salieron quienes gestionaron el poder local, participaron en la violencia de retaguardia y compartieron el reparto de lo robado. Pero también de ella salieron quienes participaron en la economía liberalizada a partir de 1959, con su lucrativa ausencia de derechos laborales, y montaron talleres y empresas que generaron su enriquecimiento particular y familiar.

Esta dimensión del franquismo como marco institucional de ganancia económica ha sido ignorada por quienes reivindican la memoria de los derrotados. De forma correspondiente con esta memoria colectiva, institucionalizada por el Gobierno autonómico a partir de 1979, fundada en un credo nacional antifascista compartido por las distintas vertientes del nacionalismo vasco y por los propios partidos de izquierda no nacionalista, fue construyéndose un conocimiento histórico que convirtió a la Guerra Civil en junio de 1937 en punto final de la historia reciente de los vascos. Apenas una tesis doctoral, a finales de siglo, pretendió analizar los apoyos sociales a la insurrección golpista (…) y fue defendida en la Universidad de Salamanca, a mediados de los años noventa, por una investigadora desconectada de las redes de poder de la historiografía vasca.

Prologo del libro «El fascismo vasco y la construcción del régimen franquista» (PUV Universitat de Valencia, 2021)

El fascismo vasco ha sido una realidad en Euskal Herria por mucho que miremos hacia otro lado y ahí tenemos los libros de historia para ver que gentes con apellidos tan vascos como los Areilza, Basterra, Etxabe-Susaeta, Elizagarate, Telleria, Arana, Atxutegi, Barrenetxea, Beorlegi, Lekerika, Ibarra, Lezama-Legizamon… nutrieron durante la guerra del 36 y el franquismo las filas requetés, falangistas, del FET y en general de la reacción y de la ultraderecha en Euskal Herria. En Ipar Euskal Herria el máximo exponente del fascismo jacobino fue el vasquista Yean Ibarnegarai.

Es pues que queda más que en entredicho el mantra de que el fascismo es algo importado de fuera.

CULTURA Y LUCHA POLÍTICA DE IZQUIERDAS Y ANTIFASCISTA

Si miramos críticamente a la cultura política contemporánea instalada en la izquierda vasca al albor de la revolución tecnológica (2000-2026) y el uso que se hace de las redes sociales (RRSS), no falta quien piensa que las RRSS son un vertedero y que no merece la pena trabajar ni invertir tiempo políticamente en ellas. Pero con ellas pasa lo que con las gradas del fútbol en los años 80 en el Estado español y en otros lugares de Europa: aquellos espacios que no ocupa la izquierda los ocupan sus enemigos, en este caso la extrema derecha.

Las rrss son un campo de batalla ideológico más donde parece que es innegable que la ultraderecha ha cogido ventaja y en buena parte su ascenso social y político se debe al buen uso demagógico, falaz y manipulador que han hecho de ellas.

Pero en internet también se manifiesta (a veces de manera grotesca) un palpable desencuentro entre los sectores de esa izquierda que pretende revertir el orden establecido.

Con las redes sociales vivimos tiempos de inmediatez y de comunicación «telegrafica». A eso se le suma una manifiesta tendencia a juzgar (muchas veces criminalizando) al contrario político y se usa con asiduidad la «brocha gorda». Son tiempos en los que abundan la desinformación y los bulos. Hay quien en la izquierda apuesta por embarrar el debate político y ejercer de manera irracional y mezquina, usando el ataque gratuito, las especulaciones, la provocación… Comportarse de esa manera lo único que se consigue es proyectar una imagen nerviosa y obsesiva de sí mismo y del proyecto que defiende. Y aunque hay determinados sectores que lo hacen más habitualmente, es una tendencia de la que no escapa prácticamente nadie.

Las redes sociales vienen siendo escenario de luchas cainitas en el seno de la izquierda vasca y, como apuntamos en el titular del artículo, hay instalados entre las filas de las fuerzas que se identifican con el antifascismo una serie de «trolls» y «haters» que se caracterizan por sus inclinaciones a realizar señalamientos y a levantar trincheras (propias de sectarismos y guetos políticos). Un ambiente tóxico donde prima la difamación y la ausencia de debate para regocijo de la burguesía y de su extrema derecha. Los «monstruos» de los que hablaba Gramsci también pueden estar en nuestras filas, en las del pueblo trabajador.

Con la coyuntura política que vivimos, determinadas actitudes, determinadas maneras de entender la política hacen flaco favor a los intereses de la clase trabajadora vasca y a la muy necesaria unidad antifascista. Se están dinamitando puentes de entendimiento entre las distintas corrientes que plantean en este país proyectos de emancipación. Hay quien se encuentra cómodo en esa labor de dinamitero.

En todo caso, las rrss son solo un campo de batalla más, el de la información. La verdadera pelea está en la calle. Ya lo sabía el fascista y ministro franquista Manuel Fraga Iribarne cuando dijo aquello de «la calle es mía».

PRESPECTIVA VERDADERAMENTE NACIONAL VASCA

Muchos de nosotros llevamos tiempo pensando que la identidad nacional vasca, una realidad incontestable, se sigue proyectando tanto hacia el exterior como internamente con una visión muy bizkaitarra-gipuzkoarra donde, por ejemplo, prima la imagen de una Euskal Herria verde, el caserío, el mar, el roble, las montañas… pero nuestro país es mucho más que eso. También es llano, del color amarillo del cereal. También es encina, olivo y secano, árido y Ebro.

Quizás esta tendencia identitaria es la que haya levantado muros, por ejemplo, en la Ribera navarra o en la Errioxa de Araba. En el sur de Nafarroa es una realidad que la identidad vasca lleva tiempo siendo vista como algo ajeno y quizás sea el momento de que quienes tenemos una visión nacional del país nos cuestionemos qué hemos hecho mal para que eso sea así. Lo mismo pasa en Errioxa, donde una fuerza ferozmente españolista y de derecha extrema como es el PP tiene allí uno de sus feudos en Euskal Herria.

A día de hoy en la Ribera solo el partido ultraderechista y españolísimo VOX saca más votos que todos los abertzales juntos. ¿Qué ha pasado en todas estas últimas décadas para que aquella Ribera que en el periodo republicano reivindicó un Estatuto vasco-navarro de autonomía sea hoy un feudo del más rancio españolismo? En aquella Ribera, por ejemplo, a los equipos de fútbol de los pueblos se les ponía nombre euskerikos o, yéndonos más lejos, a finales del siglo XIX era habitual que la intelectualidad de Tudela, por ejemplo, reivindicara la vasconidad de su tierra. Son solo ejemplos. Sin Erribera no seríamos la Euskal Herria que queremos ser.

Podemos echar la culpa a la traición del PSOE durante la Transición, cuando asumió como propio la partición territorial de las 4 provincias del sur, pero no lo explica todo.

LUCHA OBRERA Y HUELGA GENERAL

Con la sombra del fascismo acechando, en mi opinión el escenario político en nuestro país para los intereses de su clase trabajadora está embarrado y el proceso de liberación nacional y social atascado, aunque, por puntualizar, no hay que olvidar que ningún proceso revolucionario se hace sin parones, retrocesos o en términos de pureza ideológica ni de maximalismo programático.

En Euskal Herria, aunque la conflictividad social es importante, la conciencia de clase no atraviesa sus mejores momentos y, en general, las clases populares vivimos en una ausencia de esperanza por el futuro de la humanidad, lo cual nos arrastra a vivir la existencia con pasividad y una frustrante resignación. Vemos cómo nos vamos progresivamente precarizando y empobreciéndonos, mientras la burguesía sigue aumentando sus ganancias y, en consecuencia, enriqueciéndose cada vez más.

Esto es un hecho. ¿Cuál será la chispa que prenda la pradera? No lo sabemos. Lo cierto es que quienes, como en mi caso, trabajamos en un sindicato, sabemos de la dificultad para organizar asambleas en los centros de empleo y que l@s trabajador@s acudan a ellas. Salvo en momentos puntuales y en el contexto de graves conflictos laborales, no vivimos tiempos de autoorganización obrera, aunque sería lo deseable.

En todo caso, la Huelga General del próximo 17 de marzo no es casualidad ni poco menos que un capricho, tal y como señalan y quieren hacer ver los social-liberales y las derechas vascas.

La huelga del 17-M es parte, por tanto, de una marcha hacia conquistas vitales como la de subir a 1.500 € el Salario Mínimo Interprofesional (SMI), de manera que ello nos permita, como pueblo trabajador, reducir el empobrecimiento (especialmente para las mujeres, pero también para los jóvenes y las personas migrantes) y forzar desde abajo una subida generalizada de los salarios. Toca también luchar por complementar las pensiones, defender la sanidad pública, realizar una profunda reforma fiscal en favor de nuestros intereses de clase, recortar las horas de empleo y conquistar espacios, por ejemplo, obligando a derogar la autoritaria Ley Mordaza, con los que ampliar derechos civiles, políticos y sindicales.

POR LA UNIDAD ANTIFASCISTA ¿QUE HACER?

No hay fórmulas mágicas para hacer frente al (neo)fascismo. El movimiento antifascista se debe de sustentar en una militancia que tenga en cuenta la formación materialista, el trabajo político (agit&prop) en la calle, la organización de la autodefensa, la articulación de una comunidad en términos antirracistas, la existencia de vasos comunicantes de diálogo-conversación entre las distintas corrientes de la izquierda, así como de una coordinación entre los colectivos antifascistas vascos.

Así mismo la confluencia podría girar en torno a cuatro premisas asumibles:

  • Derecho de autodeterminación
  • Amnistia para los presos políticos
  • Justicia social
  • Lucha antimperialista

En base a lo que planteo en el periodo de entreguerras del siglo XX, la comunista alemana Clara Zetkin, el movimiento antifascista deberían de preocuparse de:

  • Recabar información sobre el movimiento fascista de nuestro país
  • Educar y formar de modo sistemático a la clase trabajadora sobre el carácter de enemigo de clase del movimiento fascista, mediante artículos de prensa, panfletos, carteles, asambleas, etc.
  • Enseñar de modo sistemático a los que se han convertido en proletarios y a los que se van a convertir cuál es su condición y cómo ayuda el fascismo al gran capitalismo.
  • Organizar la defensa de la lucha de la clase trabajadora a través de comités y grupos de autodefensa antifascista. Especialmente atraer al frente unitario a l@s trabajad@s jóvenes, a quienes sobre todo va dirigida la propaganda (neo)fascista.
  • Atraer a esta lucha a l@s trabajador@s de todas las tendencias ideológicas. Hacer un llamamiento a todos los partidos y sindicatos obreros a la defensa unitaria contra el (neo)fascismo.
  • Hacer frente al (neo)fascismo también en los parlamentos y en todas las instituciones públicas.
  • Incidir en que el (neo)fascismo es imperialista y chauvinista, y eso puede acarrear una guerra a nivel internacional.

Este texto quizás peque de ilusorio, pero lo que es una realidad es que hace falta una unidad antifascista en Euskal Herria. Veremos en que términos somos capaces de llevarlo a cabo.

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