Manuel Monje / Lo Que Somos
Se publicaron varios libros que pueden ayudar a comprender lo que pasó alrededor del 23 de febrero de 1981. Rebeca Quintans [Juan Carlos I, la biografía sin silencios. Editorial Akal, 2016] resumía así lo sucedido: “El rey Juan Carlos sí tuvo una participación activa en el golpe, no sólo conocimiento previo. La Casa Real era conocedora de lo que iba a producirse; confabuló con los golpistas para autorizarlo y organizarlo; y, más tarde, cuando el plan resultó un fiasco, contribuyó a liquidarlo todo de la manera más ventajosa para su imagen personal como salvador de la patria”.
El relato oficial del 23F trata a la ciudadanía como imbéciles
Lo que se difunde sobre el 23F, casi unánimemente por los medios de comunicación, es un auténtico cuento, convertido en el relato oficial hasta hoy. El periodista Gonzalo Bareño [“Seguimos esperando la verdad sobre el 23F”, La Voz de Galicia, 8-4-2014], concretaba así esta historia oficial: “Suárez dimitió porque estaba cansado y le dolía la cabeza. Tejero entró en el Congreso porque aquella mañana se levantó crecido y decidió salvar a España. Los diputados de UCD eran una piña en torno a su líder, y los de la oposición, un ejemplo de concordia y de exquisito respeto al juego democrático. La cúpula militar sintió vergüenza por la imagen de un guardia civil blandiendo un pistolón en el Parlamento y se puso al servicio del poder político para abortar cuanto antes el golpe de Estado. El rey condenó desde el minuto uno la intentona golpista y en cuanto tuvo noticia del asalto al Congreso ordenó a la Junta de Jefes de Estado Mayor que mantuviera el orden constitucional. Los poderes fácticos, la gran banca, la Iglesia y la élite empresarial dejaron clara en todo momento su apuesta inequívoca por la democracia. Este cuento de hadas resulta cómico y fantasioso, pero está tan lejos de la realidad como la historia oficial que nos han contado sobre lo que de verdad ocurrió en las 17 horas más tristes de nuestra democracia. Cerrar los ojos de forma colectiva y hacer un alarde de amnesia e imaginación para que cada uno olvide sus responsabilidades y supere sus frustraciones es una opción encomiástica por el esfuerzo generalizado de silencio cómplice y cierre de filas que requiere. Pero, cuando se trata a los ciudadanos como si fueran imbéciles y menores de edad, amparándose además en la falacia de que conocer toda la verdad sería dañino para la democracia, se abre la puerta a que cada uno cuente los hechos como le pete. Y en eso estamos”.

Simpatía por los golpistas
El embajador alemán en España, Lothar Lahn, revelaba en un informe para su gobierno, que presidía Helmut Schmidt, una conversación privada que tuvo con el rey el 26 de marzo de 1981 en el Palacio de la Zarzuela. Este informe, publicado como despacho 524 por el semanario Der Spiegel, era desclasificado y publicado por el Instituto de Historia Contemporánea como “Actas de la política exterior de la República Federal de Alemania de 1981”. Así recogía Juanma Romero [publico.es, 6-2-2012] el contenido de ese informe en un reportaje que titulaba “El rey mostró ´simpatía´ por los golpistas del 23F”: “Juan Carlos no mostró ni repulsa ni indignación; es más, mostró comprensión, cuando no simpatía, para los militares sublevados, transmitiendo a Lahn que sólo querían lo mismo a lo que todos aspiramos: el restablecimiento del orden, la disciplina, la seguridad y la calma”.
El rey Juan Carlos siguió haciendo una defensa de los golpistas después del 23F, recomendando a los partidos políticos que los sublevados no recibiesen unas penas severas. Así, cuando el rey recibe a los líderes de los partidos políticos con representación parlamentaria el 25 de febrero –dos días después del asalto al Congreso– lee un lamentable discurso: “Sería poco aconsejable una abierta y dura reacción de las fuerzas políticas contra los que cometieron los actos de subversión en las últimas horas” (agencia Colpisa).
La responsabilidad del rey Juan Carlos
La implicación del rey Juan Carlos era muy grande en la preparación del 23F, como recoge el reportaje de José Antonio Gómez El rey Juan Carlos dio el «placet» 48 horas antes del 23-F [diario16.com, 28-7-2020]. El general Alfonso Armada fue el encargado de trasmitir el visto bueno del rey en una reunión celebrada en la casa de José María Oriol Urquijo, alcalde de Bilbao en la dictadura, presidente de Hidroeléctrica y de Talgo, entre otras empresas, y persona de confianza ya que fue una de las que fueron a recibir a Juan Carlos a la estación de tren cuando llega a España en 1948. En esa reunión estaban también José Antonio Girón de Velasco (falangista, ministro de Trabajo con Franco y alineado en la extrema derecha) y Juan García Carrés, que formaba parte de la trama civil. En otras reuniones preparatorias también participaron algunos de los cabecillas militares como Jaime Milans del Bosch, que se desplazaba desde Valencia.

El contacto del rey con el general Armada (destinado en Lleida al mando de la División de Montaña Urgel n° 4 y más tarde en Madrid, en el Estado Mayor del Ejército), era muy estrecho y durante el mes de febrero de 1981conversaron o estuvieron reunidos en numerosas ocasiones, por lo menos los días 6, 7, 11, 12, 13 y 17. La reunión del 13 de febrero fue particularmente importante y Armada nunca desveló su contenido pero, según el coronel Martínez Inglés, hablaron del estado de las conversaciones con Milans y con líderes de los partidos, de las medidas para, a través de la llamada «Solución Armada», detener un golpe duro, que se estaría preparando para unos meses después.
Esta era la versión del coronel e historiador Amadeo Martínez Inglés en el artículo: “¡Váyase señor Borbón!” [Diario dixital insurgente.org, 3-11-2008]: “Usted, ciudadano Borbón, engañó miserablemente al pueblo español cuando apareció en televisión, vestido con el uniforme de capitán general, en la madrugada del 23F, diciéndoles a los crédulos ciudadanos de este país que rechazaba y condenaba la ´intentona militar´ que se estaba desarrollando en España desde las 18:23 horas del día anterior. Cuando en realidad usted era el máximo responsable de la misma, de la que se había desmarcado oficiosamente horas antes por la impresentable actuación de Tejero en el Congreso de los Diputados, y de la que finalmente renegó públicamente con esa tardía presencia ante las cámaras, una vez que el peligro para su amada corona había pasado. O sea, señor Borbón, de ´salvador de la democracia´ y ´garante de las libertades de todos los españoles´, nada de nada. Usted, de lo que verdaderamente ejerció los días 23 y 24 de febrero de 1981 fue de golpista puro y duro”.
Siro López, dibujante y escritor, publicó durante varios meses en La Voz de Galicia las viñetas “Imágenes de la Transición” que, además de ilustrar, magistralmente, importantes acontecimientos históricos, recordaban el papel jugado en el intento de golpe de Estado de 23 de febrero de 1981 por el comandante Cortina, Tejero, Milans del Bosch, Alfonso Armada y el rey Juan Carlos. Siro recuerda que “minutos después de entrar Tejero en el Congreso, el capitán general de la III Región Militar, Jaime Milans del Bosch, sacó los tanques a las calles de Valencia y publicó un bando en el que asumía el poder civil hasta recibir instrucciones del rey. Terminaba con vivas al rey y a España. El bando lo leyó a los diputados uno de los oficiales que ocuparon el Congreso” [La Voz de Galicia, 31-12-2016]. Milans tenía una estrecha relación con Juan Carlos y queda claro que ese “viva el rey” no se podía hacer sin el conocimiento previo de esta operación por el monarca.
Las grabaciones de las conversaciones entre el general Armada y el rey Juan Carlos fueron secuestradas porque corroboran la implicación del rey en toda la operación: “Una de las conversaciones telefónicas grabadas por orden de Francisco Laína [director de Seguridad del Estado] es la del general Armada con el rey para informarle de lo que está pasando en el Congreso secuestrado por Tejero, y cuál debe ser el desenlace después de que él vaya a ofrecerse a los diputados como presidente de un ´Gobierno de Salvación´. Ante el asombro del rey, Armada argumenta: ´Pero esto es de lo que hemos venido hablando, señor; esta es la ocasión de poner en práctica lo que hemos hablado´. El rey, enfadado, le responde: ´¡Cómo me puedes decir eso, Alfonso! ¡Esto no es…así no, así no!´ Y le pasó el teléfono a Sabino”. [“O comandante Cortina”. Siro López, La Voz de Galicia, 18-2-2017].
A pesar de este secuestro de información, las cosas quedan claras: todo estaba preparado, con el visto bueno del rey, para ocupar el Congreso, pero no pegando tiros, como hizo Tejero. “Así, no”.

Milans y Tejero confirman la implicación del rey Juan Carlos
El general Jaime Milans del Bosch y Ussía confirmaba esta implicación del monarca: “El Rey quiso dar un golpe de timón institucional, enderezar el proceso que se les escapaba de las manos y, en esta ocasión, con el peligro que se cernía sobre su Corona y con el temor de que todo saltara por los aires, me autorizó a actuar de acuerdo con las instrucciones que recibiera de Armada” [Declaraciones de Milans del Bosch, recogidas por el coronel Martínez Inglés en su libro La transición vigilada. Temas de Hoy, 1994].
Antonio Tejero confirmaba en una entrevista que el monarca estaba implicado en el golpe militar: “Yo al rey Juan Carlos lo jodí vivo. Él tenía preparado con Armada un Gobierno a su gusto. Pero hacía falta un militar que diera el golpe. Ese fui yo. Es decir: lo mío era necesario para poner el Gobierno de Armada y el Rey. Sin embargo, cuando vi lo que iba a ser aquello lo anulé, lo paré. Luego me traicionaron todos: el Rey, Armada, Milans del Bosch…” [Daniel Ramírez. El Español, 22-10-2023].
Álvaro Romero, autor de una biografía sobre el teniente coronel Tejero (SND Editores, 2021) confirmaba estas declaraciones de Tejero: “Cuando Armada llegó al Congreso, le mostró a Tejero la lista de miembros de ese Gobierno. Había gente proveniente de la izquierda. Entonces, Tejero impidió que Armada [era el elefante blanco que esperaba] entrase en el Congreso para proclamarse presidente de ese Gobierno”.

Preparación del golpe de Estado
Durante los meses anteriores al 23F se creó desde diversos estamentos un clima favorable a una “solución correctora”, “golpe de timón”, etc. (no se podía hablar claramente del objetivo: un golpe de Estado). Y para justificar ese objetivo se hablaba en esa propaganda de defender la unidad de España, lucha contra el terrorismo, malestar en el ejército por la legalización del PCE y la política de ascensos; que Adolfo Suárez despreciaba al ejército…En ese proceso de creación en la opinión pública de un clima favorable a la intervención militar y de incidir en los cuarteles, jugó un papel destacado el llamado Colectivo Almendros, formado por militares y civiles de extrema derecha, que publicaba sus artículos en el periódico El Alcázar.
En el artículo “Análisis político del momento militar” [El Alcázar, 17-12-1980], hablaba de la “degradación de la situación española” y afirmaba que “en la calle está firmemente instalada la urgencia de una solución correctora que permita regenerar la situación”. El artículo “La hora de las instituciones” [21-1-1981] hablaba de la “solución correctora” y concluía: “El ensayo democrático ha fracasado”, “la Constitución no funciona”, “esta clase política ha demostrado carecer de suficiente categoría moral, necesaria para reconocer sus errores”. Apuntaba también la solución: “Un nuevo y distinto Gobierno de amplios poderes que disponga de las asistencias precisas para resolver con decisión el relanzamiento de nuestra economía, la reducción del paro, el terrorismo y su incidencia en la vida cotidiana, en la seguridad ciudadana, la razonable reconducción del proceso autonómico y la reforma de la Constitución”. Y concluía: “Cuando nadie en el Estado parece desarrollar esa función, quizá sea la hora, no de apelar a congresos, partidos, Gobierno, de los que nada decisivo puede ya salir, sino a las restantes instituciones del Estado”. Para que se entienda, apelaban a la intervención del Ejército con el visto bueno del Rey.
Pocos días antes del 23-F, publicaban el artículo. “La decisión del mando supremo” [1-2-1980], que señalaba quién debía protagonizar ese “golpe de timón” y emplazaba al rey para que se coloque al frente del golpe de Estado: “hemos entrado en un tiempo protagónico para el Rey y las Fuerzas Armadas”. “Estamos en el punto crítico, se inicia la cuenta atrás». «La irresponsabilidad política ha culminado un triste proceso en el que forzosamente se obliga a intervenir a la Corona”. Los golpistas difundían este mensaje: fracasó la democracia; la solución no pasaba por el Gobierno ni por el Congreso, y el golpe de Estado debían protagonizarlo las Fuerzas Armadas, bajo el mando del Rey.

Implicación del CESID
El Centro Superior de Información de la Defensa (CESID) elaboraba un dossier entre 1977 y 1978, conocido como “Operación De Gaulle” (el general De Gaulle dirigió la resistencia francesa contra la Alemania nazi, fue presidente de la República Francesa de 1959 a 1969), que incluía un estudio sobre su aplicación en España “como corrector del sistema desde el propio sistema”. Consistía en una operación militar sin violencia para sustituir al presidente del Gobierno por alguien de fuera del Parlamento. Para forzar y justificar la intervención de las Fuerzas Armadas era necesario simular un pretexto, que llamaban Supuesto Anticonstitucional Máximo (SAM). “No hay que tomar el poder, basta con recogerlo”, decía el informe del CESID [Rebeca Quintans].
El comandante José Luís Cortina Prieto –compañero de Juan Carlos en la XIV Promoción de la Academia Militar de Zaragoza– significado espía del CESID y responsable de sus operaciones especiales como jefe de la Agrupación Operativa de Medios Especiales (AOME), presentaba al rey Juan Carlos ese dossier en la primavera de 1980, que acompañaba con una descripción de la situación: crisis de gobierno, terrorismo, separatismo, etc. Al mismo tiempo, la extrema derecha del ejército tenía preparado otro intento de golpe [Rebeca Quintans] para el 2 de mayo de 1981 en el que estarían implicados, entre otros, los generales Milans de Bosch, Torres Rojas, Cabeza de Calahorra, Alvarado, Iniesta Cano y contaba con la simpatía de otros significados militares como Merry Gordon, González del Yerro, Campano, De Santiago, Díaz de Mendivil, Pardo de Santayana, jefes y oficiales del Cuarto Militar del Rey, Colectivo Almendros, etc.
José Luís Cortina preparó el golpe con Juan Carlos durante varios meses. Solo en el mes de febrero de 1981 visitó 11 veces la Zarzuela. También se reunieron con Terence Todman, embajador de los Estados Unidos de América y con Antonio Innocenti, nuncio del Vaticano.
En el verano de 1980, el general Alfonso Armada entregaba a Sabino Fernández Campo, secretario general de la Casa del Rey, un informe para el rey sobre la situación general de España, que se consideraba alarmante. Este informe sugería la presentación de una nueva moción de censura para desplazar a Suárez (la presentada por el PSOE en mayo de 1980 no prosperó) y formar un gobierno de concentración. Diversas fuentes consideran que el autor de ese informe podría ser Carlos Ollero, catedrático de Teoría del Estado y Derecho Constitucional, persona de confianza del rey Juan Carlos, que lo había designado como senador en el periodo constituyente.
Un juicio amañado
José Luís Cortina sabía mucho y por eso no fue condenado en el juicio sobre el 23F. Fue el enlace de Armada en Madrid, proporcionó a Tejero la infraestructura necesaria para la toma del Congreso y, sobre todo, tenía línea directa con el rey Juan Carlos, llegando a reunirse con él en numerosas ocasiones durante el mes de febrero de 1981, cuando se estaban ultimando los detalles del golpe. En un receso del juicio, y cuando el fiscal apretaba en el interrogatorio (sesión de la mañana del 22 de marzo de 1982), Cortina llamó por teléfono y muy indignado decía a su interlocutor: “Que no me jodan, que saco hasta lo de Carrero Blanco” (Cortina estaba destinado en los servicios de inteligencia del alto Estado Mayor cuanto Carrero sufrió el atentado), según oyeron el comandante Arribas y Ángel López Montero, abogado de Tejero [El Mundo, 21-02-2001].
El juicio contra los responsables del 23F estaba totalmente amañado para que no declarasen las personas que no interesaban y que el rey Juan Carlos saliese limpio de todo el proceso “No fue llamado a declarar el capitán Camacho, del CESID, por ejemplo, que había recogido pruebas de que el general Armada y el comandante Cortina organizaron el golpe, y se lo hizo saber al director, el coronel Calderón, que no quiso creerlo” [“Os poderes do comandante Cortina”. Siro López en La Voz de Galicia, 25-02-2017].
Cronología del golpe
Julio de 1980. Reunión para preparar el golpe en la que participan Antonio Tejero, teniente coronel de la Guardia Civil, Pedro Mas, coronel y ayudante de campo del general Milans del Bosch en la III Región Militar de Valencia, y Juan García Carrés, falangista, que compró los autobuses para trasladar a los guardias civiles hasta el Congreso.
Noviembre de 1980. Tejero, coordinado con García Carrés, compra los seis autobuses para el traslado de guardias civiles para asaltar el Congreso, que quedaban depositados en una nave industrial de Fuenlabrada, en la Comunidad de Madrid.
Diciembre de 1980. El general Armada, destinado en Lleida, habló con el rey Juan Carlos en tres ocasiones, por lo menos, y el 18 de diciembre visitaba la Zarzuela.
10-1-1981. Reunión de Armada con Milans del Bosch en Valencia.
17-1-1981. El Colectivo Almendros publicaba un artículo en El Alcázar, preparando el golpe y hablando de «urgencia de una solución correctora».
18-1-1981. Reunión en Madrid, en un piso del coronel Mas, de Milans del Bosch, Tejero, Rojas Marcos y García Carrés, para aprobar el plan de ocupar el Congreso y derrocar al Gobierno. La operación debería realizarse después del nombramiento de Armada como segundo jefe del Estado Mayor del Ejército, previsto para fechas próximas.
19-1-1981. El coronel Ibáñez, del Estado Mayor de Milans, comunicaba a Armada en Lleida lo acordado en la reunión de los golpistas del día anterior.
22-1-1981. Reunión del rey Juan Carlos con Adolfo Suárez en la Zarzuela en la víspera del Consejo de Ministros.
23-1-1981. Juan Carlos convoca a Suárez a una reunión en la Zarzuela y prepara una celada con cuatro tenientes generales: Milans del Bosch de la región militar de Valencia, Merry Gordon de Sevilla, Elícegui de Zaragoza, y Campano López de Valladolid. Milans le dice a Suárez que debía dimitir y cuando este pide alguna razón, Merry Gordon saca una pistola y dice “¿Le parece bien a usted ésta?”
26-1-1981. Adolfo Suárez comunica a los miembros de su gobierno que pensaba dimitir.
27-1-1981. Suárez comunica su dimisión al rey en Zarzuela.
29-1-1981. Suárez explica en un mensaje televisado su dimisión: “Dimito porque no quiero que el sistema democrático, tal y como nosotros lo hemos deseado, sea, una vez más, un simple paréntesis en la historia de España”.
30-1-1981. El periodista Emilio Romero publicaba un artículo en ABC hablando de la “Solución Armada”.
3-2-1981. Juan Carlos llama a Armada, poco antes de salir para su viaje a Guernica, para comunicarle su nombramiento como segundo jefe del Estado Mayor del Ejército. Ese mismo día Armada se reúne en Lleida con el coronel Ibáñez, enviado desde Valencia por Milans para valorar la situación después de la dimisión de Suárez.
6-2-1981. El rey Juan Carlos, que estaba en Baqueira (Lleida), cena con Armada hasta las tres de la madrugada.
9-2-1981. Jordi Pujol, presidente de le Generalitat, y su esposa, Marta Ferrusola, se reúnen con Armada, como despedida de su destino en Lleida, y cuando comenta que Leopoldo Calvo Sotelo será el nuevo presidente del Gobierno, Armada contesta: “Ya veremos”.
10-2-1981. El rey propone ante las Cortes a Calvo Sotelo como presidente del Gobierno después de celebrarse el II Congreso de UCD.
11-2-1981. Juan Carlos tiene una conversación con Armada aprovechando los oficios religiosos con motivo del fallecimiento de la madre de la reina Sofía.
13-2-1981. Juan Carlos se reúne con la Armada cuando faltaban pocos días para el golpe. El contenido de la conversación se mantuvo en secreto. Armada solicitó permiso por escrito a Juan Carlos para revelar el contenido en el juicio del 23-F porque consideraba que favorecía su defensa, pero no fue autorizado.
16-2-1981. Entrevista del coronel Ibáñez con Armada en Madrid, organizada por Milans del Bosch.
17-2-1981. Conversación de Armada con el rey aprovechando un acto en la Escuela Superior del Ejército.
18-2-1981. El coronel Ibáñez y Tejero acuerdan la fecha definitiva de la “Operación Congreso” para el 23 de febrero coincidiendo con la votación de investidura de Calvo Sotelo en el Pleno del Congreso de los Diputados y con la presencia de todo el Gobierno.
21-2-1981. José Luís Cortina se reúne en Madrid con Vicente Gómez Iglesias, que era su mano derecha en el CESID, Antonio Tejero y Alfonso Armada, Tejero declaraba en el juicio del 23F lo que le explicaron en esa reunión: el rey apoyaba esa operación; el nuevo Gobierno sería solo de militares, estaban informados el gobierno de EEUU, que prometió ayuda de la administración Reagan, y el Vaticano. Que Armada explicó: “La monarquía necesita robustecerse, por ello su Majestad me ha encargado esta operación… La Corona y la Democracia seguirán incólumes… aunque ya hay preparados varios decretos que entrarán inmediatamente en vigor”.
Días antes del 23-F, el comandante Pardo Zancada, de la División Acorazada Brunete, se entrevistaba en Valencia con Milans del Bosch. También Armada habló por teléfono con Milans. Todo estaba a punto.
23 de febrero de 2023. Tejero entra en el Congreso diciendo: “¡Paso, en nombre del Rey!”
Reconvirtieron el 23F en un “éxito político” para la monarquía
El 23F no fue un fracaso, políticamente, para sus promotores. Entre otras cosas, trajo una auténtica involución. Así, las Cortes Generales aprobaban el 30 de julio de 1982, por un pacto de UCD y PSOE, la Ley de Armonización del Proceso Autonómico (LOAPA), que pretendía controlar los procesos autonómicos, limitar el desenvolvimiento de los estatutos de autonomía y el ejercicio de sus competencias, sobre todo de las nacionalidades históricas. Los gobiernos vasco y catalán presentaban un recurso de inconstitucionalidad contra esta ley y el Tribunal Constitucional negaba el 13 de agosto de 1983 el carácter orgánico y armonizador de esta ley, declarando inconstitucional 14 de los 38 artículos. Posteriormente, y ya gobernando el PSOE, se aprobaba la Ley del Proceso Autonómico.
Hubo cambios en la política exterior con la entrada de España en la OTAN y se iniciaba una guerra sucia en la lucha contra ETA como la actuación de los GAL, amparada por el aparato del Estado. Pero lo más importante fue que el 23F permitió la consolidación de la monarquía y que, después de una fuerte campaña en los medios, la imagen del rey salió fortalecida y Juan Carlos apareció como el salvador de la Constitución y de la democracia. La operación fue un éxito y nadie recordaba ya “el pecado original” de Juan Carlos, es decir, que fue designado por el dictador Franco como su sucesor.
El 23F es un ejemplo de cómo se puede manipular la historia si controlas el aparato del Estado y los medios de comunicación. Podría conocerse mejor la historia real, pero eso dañaría gravemente la imagen de la monarquía borbónica y por eso decidieron secuestrar la verdad. Primeramente, se transmitió a la opinión pública que Juan Carlos Borbón era el “motor” o “padre” de la democracia por el papel jugado durante la Transición y después reconvirtieron el autogolpe del rey, en un “éxito político”, presentando a Juan Carlos como salvador de la democracia. ¡Una operación de imagen perfecta!
* Resumen del capítulo 16 del libro “Usted debería saber”, de Manuel Monge, que será publicado en marzo en castellano, en la colección Endovelia de Edicións Laiovento.





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