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LE CANARD ENCHAÎNÉ CONFIRMA NUESTRA INVESTIGACIÓN CON OTRO VÍDEO: LOS FASCISTAS HABÍA ORGANIZADO UNA EMBOSCADA ARMADA

Se confirma la secuencia de hechos que condujeron a la muerte en Lyon de Quentin Deranque el 12 de febrero de 2026: los medios de comunicación mintieron, las autoridades también –

La TF1, AFP, L’Obs, France Info, Libération, así como Juan Branco, François Ruffin, Raphaël Glusckmann, Emmanuel Macron y demás, llevan cinco días repitiendo una narrativa inventada por los neonazis para criminalizar el antifascismo y convertir a los agresores en víctimas. Esto es un escándalo de Estado.

Ayer, la revista Contre Attaque reveló imágenes inéditas tomadas en Lyon el 12 de febrero, que demuestran que un comando armado había tendido una emboscada a un grupo de militantes de izquierda, provocando una pelea generalizada que condujo a la muerte de Quentin Deranque.

Este martes 17, mientras todos los diputados franceses rendían homenaje al militante de extrema derecha, Le Canard Enchaîné coincidía con nuestra investigación: los neonazis de Lyon se habían apostado efectivamente antes del mitin de la refugiada palestina naturalizada francesa y eurodiputada desde 2024 por La Francia Insumisa, Rima Hassan, y organizaron un ataque contra los antifascistas que eventualmente pasaran por esa calle. Le Canard revela imágenes de los hechos que tuvieron lugar antes del inicio de la reunión, a varios cientos de metros de Science Po [Instituto de Ciencias Políticas]. En ellas se ve a un grupo de extrema derecha con una antorcha inflamable que lanzan contra los antifascistas con el objetivo de quemarlos gravemente, —según nos explicó nuestro testigo—, pero también con barras de hierro y cascos. Le Canard escribe: «Algunos llevaban guantes reforzados. Uno de ellos golpea a sus oponentes con un casco de moto, otro utiliza una muleta metálica y una botella de gas. Un tercero utiliza un paraguas».

Al analizar con precisión este breve vídeo, se pueden contar 13 antifascistas que son atacados por 16 militantes de extrema derecha. Por lo tanto, el grupo de Quentin es el que tiene superioridad numérica. A señalar en este fragmento de unos segundos, cómo el grupo neonazi va vestido completamente de negro, la mayoría con el rostro enmascarado, y utiliza gas lacrimógeno y palos, mientras que el grupo que se defiende únicamente con los puños, lleva ropa clara y de colores.

Este detalle no es insignificante: demuestra que era el grupo de Quentin Deranque el que estaba preparado para el combate, mientras que los antifascistas parecen haber sido tomados por sorpresa. No tienen ningún material defensivo ni ofensivo, y su ropa es reconocible. Un grupo que hubiera venido con la intención de pelea no se presentaría así.

Un activista cercano a Quentin Deranque juró ante el periódico de extrema derecha Frontières haber visto al asistente parlamentario de Raphaël Arnault propinar golpes: «Somos 15 los que lo vimos, 100% seguro». Sin hacerlo intencionadamente, delató así que su pandilla estaba formada por al menos 15 personas, y por tanto que abandonaron a su amigo. Esta lucha iniciada por la extrema derecha, como ocurre habitualmente en Lyon, acabó mal para quienes la organizaron.


El objetivo no era «proteger» al Grupo Némesis

En el periódico digital Médiapart, otro testimonio corrobora también este relato: «un estudiante comprometido con la izquierda» que asistía a la conferencia de Rima Hassan confirma que su grupo pasó por el túnel ferroviario y se topó con militantes identitarios, que «se abalanzaron sobre ellos». «Había mucho caos. Nos lanzaron una antorcha o un bote de humo que le dio directamente en la cara a uno de nosotros». Todo encaja. Mucho más que las 15 versiones contradictorias que ha dado la extrema derecha durante estos días.

Hay que destacar otro error: el Grupo Némesis, feminista identitario anti-inmigrantes, repite que Quentin y sus amigos habían sido invitados para «proteger» a sus militantes. Esta versión no se sostiene ante los hechos: ¿por qué este grupo de matones se habría quedado escondido detrás de un túnel, a varios cientos de metros de la conferencia y, por lo tanto, de la acción del Grupo Némesis?

En realidad, el grupo en el que estaba Quentin no era el «servicio de orden» de Némésis, sino una banda armada que merodeaba cerca de una concentración de izquierdas en busca de posibles víctimas. Quizás coordinaba sus acciones con Némésis, pero no estaba allí para protegerlas. Le Canard Enchaîné lo confirma describiendo en estas imágenes «a un grupo de exaltados de extrema derecha que parecen esperar a los demás a la salida del puente ferroviario». Es una práctica habitual de los grupos fascistas, tanto en Lyon como en otros lugares, que consiste en atacar por sorpresa a personas o grupos aislados al margen de los actos militantes. Para cualquiera que esté interesado en la extrema derecha y conozca la situación en Lyon, esto es evidente. Si la justicia no estuviera a las órdenes de quien está, perseguiría más bien al entorno de Quentin por violencia en grupo armado o incluso por intento de homicidio.

Quentin se levantó y rechazó recibir atención médica.

Así pues, la extrema derecha perdió la pelea, abandonó a tres de sus miembros en su huida y Quentin rechazó recibir asistencia médica. En France Info, un vecino del fallecido dijo haberlo visto levantarse después de haber sido golpeado: «Parecía un poco aturdido, estaba de pie, pero se negaba a ir al hospital, aunque se lo propusimos. Solo vi a las personas que hablaban con él, que le decían que fuera al hospital… En cualquier caso, lo que es seguro es que se negó». Sólo una hora y media después, ya en otro barrio, fue evacuado en estado grave. ¿Por qué se negó a ser atendido en urgencias? ¿Tenía material comprometedor? ¿Quería aparentar ser un luchador viril ante sus amigos fascistas? ¿O simplemente estaba demasiado aturdido para tomar la decisión correcta? En tal caso, lo dramático es la falta de reacción de sus compañeros.

Un encubrimiento de la TF1
El sábado 14 de febrero, la TF1 emitió en horario de máxima audiencia, durante su telediario, unas impactantes imágenes sacadas de contexto que luego se difundieron por todas partes. Presentadas como vídeos grabados por un vecino, mostraban «a quince individuos con chaquetas negras o claras, varios de ellos encapuchados, golpeando a tres personas en el suelo», según la cadena.

Al día siguiente, Libération entrevistó al mismo testigo, Maxime, quien explicó que había grabado no uno, sino dos vídeos. El primero, del comienzo de la pelea, y el segundo, del final, en el que se ven los golpes en el suelo. Este testigo precisó que TF1 había decidido emitir solo el segundo y no el «que muestra a dos grupos enfrentándose».

Esta decisión editorial es gravísima: se trata de un engaño deliberado a la opinión pública. La redacción de TF1 tenía pruebas de que se trataba de un enfrentamiento entre dos grupos, pero presentó a la población una parte truncada de la escena, haciendo creer que se trataba de una agresión gratuita a una persona aislada.

Hubo que esperar a nuestra investigación, a otros testimonios y el vídeo de Le Canard Enchaîné, para desmontar esta intoxicación, pero el daño ya estaba hecho. Nuestros medios de comunicación tienen poco peso en comparación con el telediario de Martin Bouygues, multimillonario amigo de Sarkozy. Y, como sabemos, la mente humana tiende a quedarse con la primera versión que se le da, sobre todo si es impactante. Y le cuesta más cuestionarla después, incluso con argumentos sólidos.

La policía ha dado carta blanca a la extrema derecha.

Médiapart escribe que «los servicios de inteligencia territoriales estaban al tanto desde hacía varios días del proyecto de acción de las feministas de Némésis frente al Instituto de Estudios Políticos. Sin embargo, no se vio ninguna presencia policial en los alrededores del edificio, ni siquiera con fines disuasorios». Al mismo tiempo, la policía se movilizó en Lyon distrito 3 para evacuar una acción antimilitarista durante una conferencia sobre la guerra. Esto significa que las autoridades decidieron dejar que la extrema derecha actuara con total libertad, paseándose con armas, mientras los agentes reprimían una acción no violenta en una facultad.

Esta decisión es reveladora de la situación en Lyon, donde las agresiones fascistas se producen desde hace 15 años con total impunidad, pero también del estado de nuestro país, donde se ha podido ver a la policía proteger la marcha neonazi del pasado 10 de mayo en París y prohibir la concentración antifascista.

Solo la semana pasada, el 7 de febrero, se desplegó un importante dispositivo de gendarmes en medio de los campos de Meuse para proteger un refugio de neonazis, la Taverne de Thor, y se lanzó gas lacrimógeno contra la marcha contra la extrema derecha, que era familiar y pacífica.

Los medios de comunicación de los multimillonarios, el giro hacia la extrema derecha del poder político y la proliferación de milicias fascistas en las calles solo pueden conducir a dramas como este, que alimentarán otros. En una espiral infernal hacia lo peor, a menos que se produzca un cambio radical contra esta siniestra maquinaria.

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